🕊️ Espiritualidad
Lo real no muere; lo irreal nunca vivió.
Includes AI-generated commentary
Bibiduck healing duck illustration

Solo lo verdadero perdura; lo falso jamás tuvo vida real.

A veces, la vida se siente como una tormenta de preocupaciones, miedos y ruidos externos que intentan convencernos de que todo lo que sufrimos es la única realidad. La frase de Nisargadatta Maharaj, lo real no muere y lo irreal nunca vivió, nos invita a respirar profundo y buscar ese refugio de calma que reside en nuestro interior. Nos recuerda que hay una parte de nosotros, una esencia pura y constante, que permanece intacta sin importar cuántas dificultades enfrentemos en el mundo material.

En nuestro día a día, solemos identificarnos demasiado con nuestras etiquetas: nuestro trabajo, nuestros errores o incluso nuestras tristezas. Cuando perdemos un empleo o enfrentamos una crítica, sentimos que nuestro mundo se desmorona. Sin embargo, si nos detenemos a observar, nos daremos cuenta de que esas situaciones son como nubes pasajeras en un cielo inmenso. Las nubes pueden ser oscuras y amenazantes, pero el cielo, que es la verdadera esencia, permanece siempre igual, vasto y sereno.

Recuerdo una vez que me sentía muy abrumada por un proyecto que parecía haber fallado. Me sentía pequeña y derrotada, como si ese fracaso fuera lo único que existía en mi universo. En un momento de silencio, intenté conectar con esa parte de mí que no estaba afectada por el error, sino que simplemente observaba la situación. Al hacerlo, comprendí que el miedo era la parte irreal, la ilusión que me hacía creer que mi valor dependía de un resultado externo. La esencia de quien soy no había cambiado ni un poco.

Esta perspectiva no significa que ignoremos nuestros problemas, sino que aprendemos a no darles un poder absoluto sobre nuestra paz. Al entender que lo que es verdaderamente importante y real es eterno, podemos navegar las tormentas con mucha más confianza. Es como si encontráramos un ancla sólida en medio de un océano agitado.

Hoy te invito a que, cuando sientas que el caos te rodea, cierres los ojos por un instante. Pregúntate qué parte de ti permanece tranquila a pesar de todo. Intenta aferrarte a esa esencia inmutable y deja que lo que es pasajero fluya sin resistencia.

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