Harrison nos ancla al momento presente como lo único real que existe.
A veces, nuestra mente se convierte en una máquina del tiempo un poco traviesa. Nos lleva de un salto hacia atrás, reviviendo ese error que cometimos hace años, o nos lanza hacia adelante, llenándonos de ansiedad por cosas que ni siquiera han sucedido. Pero esta hermosa frase de George Harrison nos recuerda que la única realidad tangible, el único lugar donde realmente podemos respirar y actuar, es este preciso instante. El pasado ya es un eco y el futuro es solo una promesa, pero el presente es el único lugar donde la vida está ocurriendo de verdad.
En el día a día, es tan fácil perderse en el ruido de las preocupaciones. Vivimos preparando la lista de tareas para mañana o lamentando lo que no dijimos ayer, mientras nos perdemos el sabor del café que tenemos entre las manos o la luz del sol que entra por la ventana. Nos olvidamos de que la felicidad no es una meta a la que llegaremos cuando todo esté resuelto, sino una cualidad que podemos experimentar ahora mismo, si tan solo decidimos prestar atención a lo que nos rodea.
Recuerdo una tarde en la que yo, con mi corazón de patito un poco acelerado, no podía dejar de pensar en un proyecto que tenía pendiente para la próxima semana. Estaba sentada en el parque, pero mi mente estaba en una oficina imaginaria. No podía sentir la brisa ni escuchar el canto de los pájaros. De repente, me detuve y decidí observar una pequeña flor que crecía entre las grietas del camino. Al enfocarme en su color y en la textura de sus pétalos, sentí cómo la tensión en mis hombros desaparecía. En ese momento, el futuro dejó de ser una amenaza y el pasado dejó de ser una carga. Solo existía esa flor y yo.
Te invito a que hoy, aunque sea por un minuto, hagas este pequeño ejercicio conmigo. Detente donde estés, cierra los ojos y simplemente siente tu respiración. No intentes cambiar nada, solo reconoce que estás aquí. Nota el peso de tu cuerpo y el sonido de tu propio corazón. Al hacer esto, le estás diciendo a tu alma que estás presente para ella. Permítete habitar tu presente, porque es el único regalo que realmente posees.
