“La vida no se mide por las veces que respiras sino por los momentos que te dejan sin aliento de asombro”
Los momentos de asombro son los que verdaderamente dan sentido a la vida.
A veces, al crecer, cometemos el error de pensar que la madurez significa dejar atrás la curiosidad y la capacidad de asombro. Creemos que ser adultos implica ser serios, lógicos y, lamentablemente, un poco distantes de la magia que nos rodeaba cuando éramos pequeños. Pero esta hermosa frase de Ursula K. Le Guin nos recuerda algo vital: la verdadera creatividad no nace de la lógica pura, sino de esa chispa de asombro que logramos proteger a pesar de las tormentas de la vida. Ser un adulto creativo no es aprender algo nuevo desde cero, sino aprender a no dejar que el fuego de nuestra infancia se apague.
En el día a día, es muy fácil caer en la rutina de la eficiencia y el deber. Nos enfocamos tanto en las listas de tareas y en los compromisos que dejamos de mirar el cielo o de preguntarnos cómo funcionan las cosas. Nos volvemos expertos en sobrevivir, pero olvidamos cómo disfrutar del misterio. Sin embargo, cuando logramos mantener viva esa llama, nuestra perspectiva cambia. El mundo deja de ser un lugar de obligaciones para convertirse en un escenario lleno de posibilidades y descubrimidades constantes.
Recuerdo una tarde en la que me sentía especialmente abrumada por mis responsabilidades. Estaba revisando papeles y sintiéndome muy gris, hasta que vi una pequeña mariposa posarse en el borde de mi ventana. Por un momento, me detuve. Me quedé observando el movimiento de sus alas y la intensidad de sus colores, tal como lo habría hecho cuando tenía cinco años. Ese pequeño instante de asombro me recordó que no necesito ser una gran artista para ser creativa; solo necesito permitirme ser esa niña que aún vive dentro de mí, capaz de encontrar belleza en lo más simple.
Como tu amiga BibiDuck, quiero invitarte a que hoy busques ese pequeño destello de luz en tu rutina. No permitas que las preocupaciones del mundo adulto apaguen tu capacidad de maravillarte. Intenta mirar algo cotidiano con ojos nuevos, como si fuera la primera vez que lo ves. ¿Qué pequeña cosa te hizo sonreír hoy? Te animo a que protejas esa llama con mucha ternura, porque es precisamente ese asombro lo que mantiene tu espíritu vibrante y lleno de vida.
