A veces pasamos la vida entera intentando dirigir cada paso, como si estuviéramos coreografiando un baile perfecto donde nada pueda salir mal. Pero la hermosa frase de Eckhart Tolle nos invita a ver algo muy distinto. Nos dice que la vida no es algo que sucede afuera de nosotros, sino algo que ocurre a través de nosotros. No somos simples espectadores sentados en la audiencia mirando el escenario; somos el movimiento mismo, la música y el ritmo. Cuando dejamos de intentar controlar el ritmo y simplemente nos permitimos fluir, descubrimos que la existencia es una danza constante de cambios.
En el día a día, esto se traduce en cómo reaccionamos ante lo inesperado. Muchas veces nos aferramos a un plan rígido y, cuando la lluvia arruina nuestro picnic o un proyecto no sale como queríamos, nos sentimos desconectados de la vida. Sentimos que la vida nos está traicionando, cuando en realidad, la vida solo está cambiando de ritmo. Aprender que somos la danza significa entender que incluso los momentos de melancolía o de pausa forman parte de nuestra coreografía esencial. No hay pasos en falso, solo diferentes movimientos en un ciclo infinito.
Recuerdo una tarde en la que yo, con mi pequeño corazón de pato, estaba muy frustrada porque un dibujo que estaba haciendo no se parecía en nada a lo que tenía en mi mente. Me sentía estancada, como si la vida fuera un obstáculo y no un aliado. De repente, decidí soltar el pincel y simplemente observar cómo la pintura se expandía por el papel de forma impredecible. En ese caos de colores, encontré una belleza que mi control no me habría permitido ver. Ese día comprendí que no necesitaba que el dibujo fuera perfecto, solo necesitaba estar presente en el proceso de crear.
Te invito a que hoy, por un momento, dejes de intentar dirigir la música. Si sientes que el ritmo es rápido y agitado, intenta moverte con él sin juzgarte. Si el ritmo es lento y silencioso, permítete habitar ese espacio. No busques el final de la canción, solo disfruta el movimiento de tus pies en este preciso instante. ¿Qué pasaría si hoy decidieras dejar de luchar contra la corriente y simplemente te permitieras ser parte de la danza?
