A veces, el mundo puede parecer un lugar muy oscuro y ruidoso, lleno de tensiones que no logramos comprender. Esta frase de Ibn Rushd nos invita a mirar hacia adentro y reconocer la cadena invisible que une nuestros pensamientos más profundos con nuestras acciones más difíciles. Nos dice que el conflicto no nace de la nada, sino que es el resultado final de un proceso que comienza con la falta de conocimiento. Cuando no entendemos algo, o cuando nos sentimos inseguros sobre lo desconocido, nuestra mente busca protegerse de la única manera que sabe: creando barreras.
En nuestra vida cotidiana, esto sucede mucho más seguido de lo que nos gustaría admitir. Podemos sentir miedo cuando un compañero de trabajo propone una idea nueva que desafía nuestra rutina, o podemos sentir rechazo hacia alguien que tiene costumbres distintas a las nuestras. Ese miedo inicial, al no querer salir de nuestra zona de confort o de nuestro entendimiento, se transforma rápidamente en una actitud defensiva. Sin darnos cuenta, esa defensa se convierte en un juicio severo, y ese juicio se transforma en un odio silencioso que nos separa de los demás, creando muros donde debería haber puentes.
Recuerdo una vez que me sentía muy confundida por un malentendido con una amiga muy querida. Yo no entendía sus razones y, en mi ignorancia sobre lo que ella estaba pasando, empecé a sentirme herida y, luego, un poco resentida. Mi mente creó una historia de miedo sobre su intención hacia mí, y ese sentimiento alimentó una hostilidad que casi rompe nuestra amistad. Solo cuando decidí dejar de suponer y empecé a hacer preguntas, a buscar la verdad y a escuchar su historia, el miedo se disolvió. Al aprender sobre su situación, el odio desapareció y la paz regresó.
Como tu pequeña amiga BibiDuck, siempre trato de recordarte que la curiosidad es el mejor antídoto contra la oscuridad. No tengas miedo de preguntar, de leer, de escuchar una perspectiva diferente o de admitir que no lo sabes todo. Cada vez que eliges aprender algo nuevo sobre alguien o sobre el mundo, estás rompiendo un eslabón de esa cadena de conflicto. La educación y la empatía son las herramientas más poderosas que poseemos para cultivar la paz.
Hoy te invito a que reflexiones sobre algún sentimiento de rechazo o miedo que estés experimentando. Pregúntate con mucha ternura: ¿qué es lo que no estoy comprendiendo todavía? Quizás la respuesta que buscas no sea una defensa, sino una nueva oportunidad para aprender y amar.
