“La filosofía comienza en el asombro y permanece enraizada en el asombro a lo largo de toda indagación”
El asombro es tanto el origen como el sustento del pensamiento filosófico.
A veces nos perdemos tanto en las respuestas que olvidamos lo hermoso que es hacer preguntas. Esta frase de Platón nos recuerda que el asombro no es solo para los niños, sino que es la chispa esencial que mantiene viva nuestra curiosidad y nuestra capacidad de aprender. Cuando dejamos de maravillarnos por el mundo, la vida se vuelve una lista de tareas pendientes y dejamos de ver la magia en lo cotidiano. El asombro es la raíz de todo conocimiento real, porque sin esa capacidad de sorprenderse, no hay motivación para investigar ni deseo de comprender lo que nos rodea.
En nuestro día a día, es muy fácil caer en la rutina de dar todo por sentado. Caminamos hacia el trabajo, comemos y dormimos sin detenernos a pensar en la complejidad de un simple suspiro o en la estructura de una hoja que cae de un árbol. Nos volvemos expertos en la eficiencia, pero nos olvidamos de ser expertos en la contemplación. La verdadera sabiduría no se trata de acumular datos, sino de mantener esa mirada de principiante que encuentra algo extraordinario incluso en lo más pequeño y sencillo.
Recuerdo una tarde en la que yo, con mi pequeño corazón de pato, me sentía un poco abrumada por todas mis responsabilidades. Estaba tan concentrada en organizar mis pensamientos que no me di cuenta de que el atardecer estaba pintando el cielo de un naranja tan intenso que parecía irreal. Me detuve un momento, simplemente a observar, y sentí cómo esa pequeña chispa de asoma volvía a mí. Ese instante de silencio y asombro me recordó que no todo tiene que ser resuelto o explicado; algunas cosas solo necesitan ser sentidas y admiradas.
Te invito a que hoy, aunque sea por un momento, dejes de buscar respuestas y te permitas simplemente preguntar. Mira a tu alrededor y busca algo que te haga sentir esa pequeña punzada de curiosidad, ya sea el sabor de tu café o el sonido del viento. No tengas miedo de no entenderlo todo, porque es precisamente en ese misterio donde comienza la verdadera aventura de vivir. Mantén tu asombro intacto, porque ahí es donde reside tu verdadera conexión con el universo.
