A veces, la vida se siente como una carrera en la que la meta siempre se aleja un poco más cada vez que estamos a punto de tocarla. La frase de Erich Fromm nos habla de esa sensación de vacío que surge cuando intentamos llenar nuestro corazón con cosas externas, creyendo que el próximo objeto, el siguiente ascenso o el siguiente reconocimiento finalmente nos darán la paz que tanto buscamos. Es la idea de que la codicia es un pozo sin fondo, un ciclo de esfuerzo agotador donde la satisfacción es un espejismo que desaparece apenas intentamos alcanzarlo.
En nuestro día a día, esto se manifiesta de formas muy sutiles. Puede ser esa necesidad constante de revisar las redes sociales para ver qué tienen los demás, o la presión de querer acumular siempre más tareas y logros para sentirnos valiosos. Nos olvidamos de que la verdadera plenitud no proviene de la acumulación, sino de la capacidad de apreciar lo que ya habita en nuestro presente. Cuando corremos tras lo que nos falta, perdemos de vista la belleza de lo que ya nos sostiene.
Recuerdo una vez que yo misma, en uno de mis momentos de mucha ansiedad, sentía que necesitaba comprar todo un set nuevo de pinceles y materiales solo para sentir que mi arte sería mejor. Pasé días enteros buscando, comparando y gastando energía mental en algo que, al final, no cambió mi creatividad ni mi alegría. Fue solo cuando dejé de buscar afuera y me senté a disfrutar de un simple atardecer con lo que ya tenía, que sentí ese alivio tan necesario. Me di cuenta de que el agotamiento no venía de la falta de herramientas, sino de mi propia insistencia en no valorar mi presente.
Como tu amiga BibiDuck, quiero invitarte a hacer una pausa hoy. No necesitas más para ser suficiente. Te animo a que mires a tu alrededor y busques tres pequeñas cosas que ya posees y que te traen paz, ya sea una taza de café caliente, una canción favorita o el abrazo de alguien querido. Intenta nutrir tu alma con gratitud en lugar de intentar llenarla con carencia. La verdadera satisfacción no se encuentra al final del camino, sino en la calma de caminarlo con lo que ya es tuyo.
