A veces, el mundo adulto nos hace creer que madurar significa dejar atrás la curiosidad y la capacidad de asombro. Nos enseñan que debemos ser serios, pragmáticos y enfocados únicamente en lo que es útil o productivo. Sin embargo, la hermosa frase de Platón nos recuerda que hay dos refugios sagrados donde el tiempo no tiene poder: la búsqueda de la verdad y la apreciación de la belleza. Cuando nos permitimos buscar respuestas sobre el universo o simplemente detenernos a admirar un atardecer, recuperamos esa chispa de inocencia que nos hace sentir vivos y conectados con algo mucho más grande que nosotros mismos.
Imagínate que vas caminando por la calle, cargando con el peso de las facturas, el trabajo y las responsabilidades diarias. Tu mente está en una lista interminable de tareas pendientes. Pero de repente, algo te detiene. Quizás es el reflejo de la luz del sol en un charco de agua, o el aroma de un jazmín que flota en el aire, o tal vez una pregunta profunda que surge al observar una obra de arte en una vitrina. En ese instante, dejas de ser un adulto preocupado para convertirte en un pequeño explorador. Esa capacidad de asombrarse es lo que Platón describe como el permiso de seguir siendo niños.
Recuerdo una tarde en la que me sentía especialmente abrumada por mis propios pensamientos. Estaba sentada en el parque, tratando de ser la versión más eficiente y lógica de mí misma. Entonces, vi a un grupo de niños intentando construir un castillo de arena muy complejo. Eran tan meticulosos, tan concentrados en la perfección de cada pequeña duna, que me sentí conmovida. Me di cuenta de que yo había olvidado cómo jugar con la posibilidad y el misterio. Al observar su dedicación a algo puramente estético y creativo, comprendí que la verdadera sabiduría no está en tener todas las respuestas, sino en mantener viva la pregunta.
Como tu amiga BibiDuck, quiero invitarte a que no permitas que la seriedad de la vida apague tu capacidad de maravilla. No necesitas una razón lógica para disfrutar de una melodía o para investigar un tema que te apasiona sin ninguna utilidad práctica. Buscar la belleza y la verdad es un acto de rebeldía contra la rutina. Hoy, te animo a que busques un pequeño momento de asombro. Mira algo con ojos nuevos, hazte una pregunta curiosa o simplemente detente a admirar un detalle pequeño. Permítete ese permiso de ser niño, porque es ahí donde reside la verdadera magia de la existencia.
