“La alegría es lo que nos sucede cuando nos permitimos reconocer lo buenas que realmente son las cosas.”
Permitirnos ver la bondad existente abre las compuertas de la alegría abundante.
A veces pasamos la vida entera esperando que ocurra algo extraordinario para permitirnos sonreír. Creemos que la alegría es una recompensa que llega solo después de alcanzar una meta gigante o de resolver todos nuestros problemas. Pero la hermosa frase de Marianne Williamson nos invita a mirar en una dirección diferente. Nos dice que la alegría no es algo que se busca fuera, sino algo que surge cuando bajamos la guardia y nos permitimos notar la bondad que ya está presente en nuestro presente.
En el día a día, es muy fácil caer en el hábito de la queja o de la preocupación constante. Nos enfocamos tanto en lo que falta, en lo que salió mal o en lo que nos preocupa del mañana, que nos volvemos ciegos a la abundancia que nos rodea. La alegría requiere una intención activa, una especie de atención plena que nos diga: detente un segundo y observa lo que sí tienes.
Recuerdo una tarde en la que me sentía especialmente abrumada por mis tareas pendientes. Todo parecía gris y pesado. Me senté cerca de la ventana y, sin buscarlo, vi cómo la luz del atardecer bañaba las hojas de una pequeña planta en mi escritorio. De repente, sentí el aroma de un café recién hecho que alguien había dejado cerca. No fue un milagro, fue simplemente un momento de reconocimiento. Al permitirme notar esa pequeña calidez, mi estado de ánimo cambió por completo. No es que mis problemas hubieran desaparecido, es que decidí reconocer lo bueno que ya estaba allí.
Como siempre les digo en DuckyHeals, mi pequeño corazón de pato se llena de luz cuando aprendemos a apreciar estos detalles. No necesitamos grandes eventos para ser felices, solo necesitamos ojos más atentos y un corazón más abierto a la gratitud. La alegría es un músculo que se entrena reconociendo la belleza en lo cotidiano.
Hoy te invito a hacer un pequeño ejercicio. No esperes a que todo sea perfecto para sentirte bien. Detente un momento, respira profundo y trata de encontrar tres cosas pequeñas, pero reales, que sean buenas en tu vida en este preciso instante. Permítete sentir esa chispa.
