“Incluso un mundo herido nos alimenta. Incluso un mundo herido nos sostiene, regalándonos momentos de asombro y alegría.”
Hasta en sus heridas, el mundo sigue siendo generoso con nosotros.
A veces, cuando miro a mi alrededor, siento que el peso de las noticias y las dificultades del mundo es demasiado grande para mis pequeños hombros de pato. Es fácil caer en la tristeza cuando vemos paisajes heridos o escuchamos hablar de crisis que parecen no tener fin. Sin embargo, las palabras de Robin Wall Kimmerer nos invitan a mirar con otros ojos, recordándonos que incluso en un mundo que sufre, la vida sigue encontrando formas de sostenernos, de alimentarnos y de regalarnos destellos de asombro.
Esta idea no significa que ignoremos el dolor, sino que aprendemos a reconocer la generosidad que persiste a pesar de él. La naturaleza tiene una capacidad asombrosa de regenerarse y de seguir ofreciendo belleza incluso en los rincones más descuidados. Un pequeño brote que atraviesa el asfalto agrietado o el aroma de la tierra mojada después de una tormenta son recordatorios de que la vida no se rinde, y que ella también nos está cuidando mientras nosotros intentamos sanar.
Recuerdo una tarde en la que yo me sentía muy desanimada, como si todo fuera gris y sin sentido. Me senté junto a un pequeño estanque que había sufrido mucho por la sequía. Todo parecía marchito, pero de repente, vi a una pequeña abeja posarse en una de las pocas flores que quedaban. En ese instante, el mundo no dejó de ser difícil, pero sentí una conexión profunda con esa pequeña chisita de vida. Ese momento de asombro me recordó que la alegría no necesita un mundo perfecto para existir; solo necesita que estemos presentes para notar su existencia.
Todos tenemos momentos en los que nos sentimos heridos, pero así como la tierra nos sigue nutriendo, nosotros también podemos encontrar refugio en las pequeñas maravillas cotidianas. No necesitamos que todo sea perfecto para encontrar un motivo para sonreír o para sentirnos agradecidos. La belleza está ahí, esperando pacientemente a que levantemos la vista de nuestras preocupaciones.
Hoy te invito a que hagas una pausa y busques algo pequeño que te dé alegría. Puede ser el calor del sol en tu piel, el sabor de tu café favorito o el canto de un ave a lo lejos. Permítete ser alimentado por la belleza que aún persiste en este mundo, incluso en medio de las cicatrices.
