A veces, cuando la vida se siente un poco gris, nos preguntamos qué podemos hacer para cambiar nuestro entorno. La hermosa frase de Edith Wharton nos recuerda que no siempre necesitamos ser el protagonista de un gran acto heroico para generar un cambio. Nos dice que existen dos formas de repartir luz: podemos ser la vela que arde con su propia fuerza, o podemos ser el espejo que simplemente refleja la luz que ya existe. Ambas opciones son igual de valiosas y ambas nos guían hacia ese estado de paz que tanto anhelamos en nuestro corazón.
Ser la vela significa tener esa chispa interna, esa energía y esa voluntad de dar algo de nosotros mismos, incluso cuando estamos cansados. Es cuando decides ser amable, cuando compartes un conocimiento o cuando te levantas para ayudar a alguien. Por otro lado, ser el espejo es una forma mucho más sutil y silenciosa de amor. Ser un espejo es saber reconocer la bondad en los demás y devolverla, es saber escuchar con atención y hacer que la persona que tenemos enfrente se sienta vista y valorada por la luz que ella misma posee.
Hace poco, mientras preparaba mi rincón de lectura, me sentí un poco abrumada por las noticias del mundo. Sentía que no tenía mucha energía para ser esa vela brillante que siempre intento ser. Pero entonces, recordé que también puedo ser un espejo. Decidí simplemente escuchar con todo mi corazón a una amiga que necesitaba desahogarse. No tuve que decir palabras mágicas ni resolver sus problemas; solo me dediqué a reflejar su valentía y a validar sus sentimientos. Al final del día, esa pequeña conexión me trajo una paz inmensa, recordándome que mi luz no siempre tiene que venir de mi propio fuego, sino de mi capacidad de reconocer la luz ajena.
No te presiones por ser siempre la fuente de toda la alegría. Hay días en los que tu mayor contribución al mundo será simplemente ser un refugio tranquilo que refleja la belleza de los demás. Lo importante es que no permitas que la oscuridad se asiente en tu interior.
Hoy te invito a que te observes un momento. ¿Sientes que necesitas encender tu propia llama o prefieres dedicarte a ser un espejo para alguien que lo necesite? Sea cual sea tu elección, confía en que estás construyendo un camino hacia la paz.
