A veces pensamos que la sabiduría solo llega cuando todo está en orden, cuando el cielo está despejado y el viento deja de soplar con fuerza. Pero la hermosa frase de Willa Cather nos recuerda que la vida tiene dos maestros distintos: la calma y la tormenta. La calma nos enseña la paciencia y la observación, mientras que la tormenta nos enseña la resistencia y la fuerza. Sin embargo, hay un hilo dorado que une ambos estados, un pequeño destello que permanece intacto sin importar el clima: el asombro. El asombro es esa capacidad de maravillarse con lo pequeño, con lo inesperado, con la magia que reside tanto en un amanecer silencioso como en el rugido de un trueno.
En nuestra vida cotidiana, solemos buscar la estabilidad para sentirnos seguros, pero a menudo olvidamos que las dificultades también pueden ser portadoras de descubrimientos asombrosos. Cuando las cosas van bien, nos maravillamos con la belleza de una flor o la paz de un café por la mañana. Pero cuando la tormenta llega, cuando los problemas parecen nublar nuestro camino, también surge un tipo de asombro diferente, uno más profundo y crudo. Es el asombro de descubrir nuestra propia capacidad de sobrevivir, de ver cómo la lluvia limpia el polvo de las hojas y cómo, tras el caos, el mundo parece tener un brillo renovado.
Recuerdo una vez que me sentía muy abrumada, como si una gran tormenta emocional me estuviera rodeando. Todo parecía gris y pesado. Estaba tan concentrada en el ruido de mis preocupaciones que no podía ver nada más. Pero un día, mientras observaba las gotas de lluvia resbalar por la ventana, me detuve un segundo. Me asombró la complejidad de ese pequeño recorrido, la forma en que el agua creaba caminos nuevos en el cristal. En medio de mi propia tormenta, encontré un pequeño destello de maravilla que me recordó que la vida sigue fluyendo, incluso cuando no podemos controlar el clima.
Por eso, hoy quiero invitarte a que no ignores ninguno de tus momentos. No esperes a que pase la tormenta para volver a sentir curiosidad por el mundo, ni permitas que la calma te vuelva indiferente a la belleza de lo cotidiano. Intenta buscar ese pequeño rastro de asombro en lo que estés viviendo justo ahora. Si estás en un momento de paz, celebra la quietud. Si estás en medio de la tempestad, busca la fuerza que surge de la lucha. Al final del día, lo que realmente importa es mantener encendida esa chispa de asombro que nos hace sentir verdaderamente vivos.
