“Es bueno tener un destino hacia el cual viajar, pero lo que importa al final es el viaje.”
El destino importa menos que el camino recorrido.
A veces pasamos la vida entera con la mirada clavada en el horizonte, esperando llegar a esa meta que nos dará la paz definitiva. Nos decimos que seremos felices cuando terminemos la carrera, cuando consigamos ese ascenso o cuando finalmente alcancemos la estabilidad que tanto anhelamos. La hermosa frase de Ursula K. Le Guin nos recuerda que, aunque tener un destino es lo que nos da dirección, la verdadera magia sucede en los pasos que damos mientras caminamos. El final es solo un punto en el mapa, pero el camino es donde realmente ocurre la vida.
En nuestro día a día, es muy fácil caer en la trampa de vivir en el futuro. Nos obsesionamos tanto con el resultado que nos olvidamos de notar el aroma del café por la mañana o la calidez del sol en nuestra cara. Nos volvemos pasajeros apresurados que solo quieren bajar en la siguiente parada, ignorando todos los paisajes hermosos que pasan por la ventana del tren. La vida no es una lista de tareas completadas, sino la suma de todas esas pequeñas experiencias que coleccionamos mientras intentamos llegar a algún lugar.
Recuerdo una vez que estaba intentando aprender a pintar. Mi única meta era terminar un cuadro perfecto que pudiera colgar en mi sala. Pasé semanas frustrada, mirando solo el lienzo vacío y sintiendo que no avanzaba hacia mi objetivo. Pero un día, mientras mezclaba colores sin pensar en el resultado, me di cuenta de que estaba disfrutando cada pincelada, cada mancha y cada error. Ese proceso de aprendizaje, con toda su confusión, fue mucho más valioso que el cuadro final, que por cierto, no era tan perfecto como esperaba. Fue ahí cuando comprendí que el aprendizaje era el verdadero tesoro.
Como tu amiga BibiDuck, quiero invitarte a que hoy mismo intentes bajar un poco la velocidad. No se trata de renunciar a tus sueños o de dejar de esforzarte por tus metas, sino de aprender a disfrutar de la compañía de tus propios pasos. Mira a tu alrededor y encuentra algo pequeño que te haga sonreír en este preciso momento. ¿Qué parte de tu camino actual puedes empezar a disfrutar hoy mismo, sin esperar a llegar a la meta?
