A veces, las palabras más profundas son las que nos hacen sentir un vacío extraño en el pecho. Esta frase de Mark Strand tiene una melancolía hermosa, pero también un poco inquietante. Nos habla de ese momento en el que no nos sentimos parte de lo que nos rodea, sino como un espacio vacío, una pieza que falta en el rompecabezas. Es esa sensación de estar presente físicamente, pero sentir que nuestra esencia es precisamente aquello que no está, como si fuéramos un hueco en medio de un paisaje lleno de vida.
En nuestra vida cotidiana, esto sucede mucho más de lo que nos atrevemos a admitir. Podemos estar en una fiesta llena de risas, rodeados de amigos y música, y de repente, sentir que somos la ausencia de la fiesta. Es ese sentimiento de soledad acompañada, donde miramos el mundo y nos sentimos como un observador externo, alguien que no logra encaje con el resto del grupo. No es necesariamente algo malo, pero puede ser muy abrumador sentir que somos el vacío en medio de la abundancia.
Recuerdo una tarde en la que yo, tu pequeña amiga BibiDuck, me sentía exactamente así. Estaba en un jardín precioso, con flores de todos los colores y mariposas revoloteando, pero me sentía extrañamente desconectada. Sentía que mi alegría era la que faltaba en aquel paisaje perfecto; como si mi propia presencia fuera un silencio en medio de una sinfonía. Me sentía como ese espacio vacío que menciona el poema, una sombra en un lugar lleno de luz.
Sin embargo, con el tiempo aprendí que reconocer nuestra ausencia también es una forma de presencia. Cuando aceptamos que podemos sentirnos como un vacío, empezamos a entender que ese espacio es necesario para que el resto de la imagen exista. Sin el espacio entre las notas, no habría música; sin el vacío, no habría forma. Nuestra sensación de no pertenecer puede ser, en realidad, el inicio de una búsqueda más profunda de nuestro verdadero lugar en el mundo.
Hoy te invito a que no temas a esos momentos de vacío. Si te sientes como la ausencia en medio de un campo, no intentes forzar tu presencia con desesperación. Simplemente respira y observa ese espacio. Pregúntate con ternura qué es lo que realmente estás buscando llenar y si, tal vez, ese vacío es solo un espacio sagrado esperando a ser descubierto por ti mismo.
