A veces, la vida nos presenta situaciones que parecen no florecer, sin importar cuánto esfuerzo pongamos en ellas. Esta hermosa frase de Thich Nhat Hanh nos invita a cambiar nuestra mirada, pasando de la frustración hacia la comprensión. Cuando algo no sale como esperábamos, nuestra primera reacción suele ser la crítica o el juicio, pero el maestro nos sugiere que miremos con compasión, buscando las causas profundas en lugar de señalar culpables. Es un llamado a la paciencia y a la observación amorosa de nuestro propio proceso y del de los demás.
En nuestro día a día, esto se traduce en cómo nos tratamos cuando fallamos. Muchas veces somos nuestros jueces más severos. Si no logramos terminar una tarea, si no mantenemos una dieta, o si una relación se enfría, solemos decirnos que somos incapaces o que algo está mal en nuestra esencia. Pero, al igual que con la lechuga en el jardín, el problema rara vez es la semilla o la planta misma. A menudo, es la falta de luz, el exceso de agua o un suelo que necesita más nutrientes. La clave está en investigar con ternura qué es lo que falta para que podamos sanar y crecer.
Recuerdo una vez que yo misma me sentía muy desanimada porque no lograba mantener mi rutina de lectura. Me sentía culpable y pensaba que mi capacidad de concentración se había perdido para siempre. Pero, en lugar de regañarme, decidí aplicar esta filosofía. Me pregunté con compasión: ¿estoy durmiendo lo suficiente? ¿estoy intentando leer temas demasiado complejos para mi estado de ánimo actual? Al entender que mi cansancio era la verdadera causa, pude ajustar mis expectativas y volver a disfrutar de los libros sin esa presión asfixiante.
Te invito a que hoy, cuando sientas que algo en tu vida no está creciendo, no te castigues. No te culpes a ti mismo ni culpes a las circunstancias con amargura. En su lugar, toma un respiro profundo y pregúntate con mucha dulzura qué necesita ese pequeño brote de tu vida para fortalecerse. Tal vez solo necesites un poco más de descanso, un cambio de entorno o simplemente más tiempo para madurar a tu propio ritmo. Sé amable contigo, porque tu corazón también merece ser cuidado con la misma paciencia con la que cuidas un jardín.
