A veces, cuando caminamos por el parque o miramos el cielo estrellado, tendemos a ver el mundo como si fuera una simple lista de cosas. Vemos árboles, piedras, nubes y edificios, como si fueran piezas sueltas de un rompecabezas que no tienen nada que ver entre sí. Pero la hermosa frase de Thomas Berry nos invita a cambiar esa mirada. Él nos dice que el universo no es solo un montón de objetos acumulados, sino una comunión de sujetos. Esto significa que nada de lo que existe está realmente solo; todo lo que vemos tiene una esencia, una historia y una conexión profunda con todo lo demás. No somos observadores externos de la naturaleza, somos parte de una conversación constante.
Imagina por un momento que vas caminando por un bosque después de una lluvia ligera. Si ves el bosque solo como objetos, solo verás madera, hojas húmedas y tierra. Pero si aplicas la idea de la comunión, empiezas a sentir que el aroma de la tierra mojada te está saludando, que el susurro de las hojas es un lenguaje que compartes con el viento y que cada gota de agua que cae de una rama es un pequeño milagro que te toca directamente. En ese momento, dejas de ser un extraño en el paisaje para convertirte en un participante de la vida. Es un cambio de perspectiva que transforma la soledad en pertenencia.
Recuerdo una tarde en la que me sentía muy abrumada, como si el mundo fuera un lugar frío y lleno de cosas ajenas a mí. Estaba sentada en mi jardín, mirando las flores con una sensación de desconexión total. Entonces, noté a una pequeña abeja posándose en una margarita. En ese instante, me di cuenta de que esa abeja no era solo un insecto, sino un ser con su propio propósito, compartiendo el mismo aire y el mismo sol que yo. Sentí que la barrera entre mi piel y el resto del mundo se volvía más delgada. Yo también era parte de ese baile, de esa gran comunidad de seres vivos que simplemente intentan florecer.
Cuando empezamos a ver el mundo como una red de sujetos, nuestra empatía crece de forma natural. Ya no es tan fácil ignorar el dolor de la tierra o la belleza de un pequeño insecto, porque entendemos que su existencia resuena en la nuestra. Aquí en DuckyHeals, siempre trato de recordarte que nunca estás realmente solo, porque el universo entero es tu hogar y tus compañeros. Te invito hoy a que, la próxima vez que salgas a caminar, intentes no solo mirar lo que te rodea, sino intentar sentir la conexión con ello. Pregúntate qué historias te están contando las plantas o el viento, y permite que esa comunión te abrace el corazón.
