A veces, nuestra mente se convierte en una biblioteca llena de libros viejos que no podemos dejar de leer. Revisamos los errores, las palabras que no dijimos y las oportunidades que dejamos pasar, como si estuviéramos atrapados en un bucle infinito. La hermosa frase de Eckhart Tolle nos recuerda que el pasado es solo una memoria, una sombra que intenta proyectarse sobre nuestra luz actual, pero que carece de la fuerza real para dictar quiénes somos en este preciso segundo. El poder solo existe donde estamos presentes.
En el día a paso, esto se traduce en cómo reaccionamos ante las pequeñas tormentas. Podemos llevar el peso de una discusión de ayer mientras intentamos disfrutar de un café por la mañana, y sin darnos cuenta, estamos dejando que ese fantasma robe la dulzura de nuestro presente. El pasado tiene una narrativa muy convincente, pero es una narrativa que ya terminó. Lo que estamos viviendo ahora, el aire que respiramos y el latido de nuestro corazón, es lo único que tiene la capacidad de transformarnos.
Recuerdo una vez que yo misma me sentía muy abrumada por un error que cometí en un proyecto importante. Pasé días enteros sintiéndome pequeña y avergonzada, como si ese error fuera una etiqueta pegada permanentemente en mi frente. Pero un día, mientras observaba cómo el sol iluminaba las gotas de rocío en las hojas de un jardín, comprendí que el sol no pedía perdón por lo que pasó ayer para brillar hoy. El presente es un lienzo limpio, y cada vez que regresamos a él, tenemos la oportunidad de elegir colores nuevos, sin importar las manchas de los cuadros anteriores.
No se trata de olvidar lo que vivimos, sino de quitarle el control sobre nuestro bienestar actual. Es un ejercicio de libertad absoluta. Cuando dejas de luchar contra lo que ya fue, liberas una cantidad enorme de energía para crear lo que puede ser. El pasado puede ser un maestro, pero nunca debe ser nuestro carcelero.
Hoy te invito a hacer una pequeña pausa. Cierra los ojos por un momento y nota tu respiración. Siente el peso de tu cuerpo en la silla. Nota que, en este instante exacto, todo está bien. Intenta identificar un pensamiento de ayer que esté intentando robarte el hoy, y con mucha ternura, dile que hoy no tiene permiso para quedarse.
