“El milagro no es caminar sobre el agua. El milagro es caminar sobre la tierra verde.”
Reconocer el milagro de la existencia ordinaria revela una abundancia extraordinaria.
A veces pasamos la vida entera esperando un gran evento extraordinario, una señal mágica o un milagro que cambie nuestro destino de la noche a la mañana. Buscamos lo imposible, como si caminar sobre las aguas fuera la única forma de sentir que la vida tiene un sentido profundo. Pero esta hermosa frase de Thich Nhat Hanh nos invita a bajar la mirada y a redescubrir la magia que ya está ocurriendo bajo nuestros pies. El verdadero milagro no es desafiar las leyes de la física, sino aprender a notar la textura, el color y la vida de la tierra que pisamos cada día.
En el ajetreo de nuestras rutinas, solemos caminar en piloto automático. Estamos pensando en la reunión de mañana, en las cuentas por pagar o en los errores del pasado, y de repente, nos damos cuenta de que hemos atravesado un parque entero sin haber visto ni una sola hoja verde. Vivimos en un estado de ausencia, buscando lo asombroso mientras ignoramos lo esencial. La abundancia no se trata de tener cosas extraordinarias, sino de desarrollar la capacidad de asombrarnos ante lo ordinario, reconociendo la vitalidad que nos sostiene.
Recuerdo una tarde en la que me sentía muy abrumada por mis propias preocupaciones. Estaba tan concentrada en mis pensamientos negativos que sentía que el mundo era un lugar gris y vacío. Decidí sentarme un momento en el jardín y, por primera vez en mucho tiempo, me obligué a observar. Noté el aroma de la tierra húmeda después de la lluvia y el brillo de una pequeña planta nueva que asomaba entre las piedras. En ese instante, sentí una calidez en el pecho. No había ocurrido nada espectacular, pero mi percepción había cambiado. Ese contacto con lo verde, con lo real, fue mi pequeño milaret.
Te invito hoy a que hagas una pausa. No necesitas esperar a que ocurra un evento sobrenatural para sentirte bendecido. Sal a caminar, siente el suelo firme bajo tus zapatos y respira el aire que te rodea. Intenta encontrar un pequeño detalle natural que te sorprenda, una flor, una sombra o el movimiento de una hoja. Al hacer esto, estarás reconociendo el milagro de estar vivo y presente en este hermoso mundo verde.
