A veces, cuando miro el horizonte y veo cómo las nubes cambian de forma sin previo aviso, me doy cuenta de que la incertidumbre no es una enemiga, sino el tejido mismo de nuestra existencia. La frase de Ursula K. Le Guin nos invita a mirar ese vacío de respuestas no como un abismo aterrador, sino como el espacio necesario para que la vida pueda florecer. Si supiéramos exactamente qué pasará mañana, cada segundo de nuestra vida sería una repetición mecánica, una película ya vista donde no habría sorpresas, ni crecimiento, ni la magia de lo inesperado.
En nuestro día a día, solemos luchar contra lo desconocido. Queremos planes perfectos, calendarios llenos de certezas y la seguridad de que todo saldrá según lo previsto. Pero la realidad es que la vida sucede precisamente en los huecos que dejamos entre un plan y otro. Esa sensación de no saber qué vendrá después puede ser abrumadora, pero es también la que nos permite sentir la emoción de un nuevo comienzo o la sorpresa de un encuentro fortuito en una tarde cualquiera.
Recuerdo una vez que me sentía muy perdida, como si caminara por una niebla espesa donde no podía ver ni mis propios pies. Tenía miedo de dar cualquier paso porque no sabía si el suelo seguiría ahí. En ese momento, intenté aferrarme a lo que ya conocía, pero nada me daba paz. Fue entonces cuando comprendí que la niebla no estaba allí para detenerme, sino para obligarme a caminar con más cuidado, a escuchar más y a confiar en que, aunque no viera el camino completo, cada paso me estaba llevando a algún lugar nuevo. Al dejar de pelear con la duda, empecé a notar la belleza de los pequeños detalles que antes ignoraba por estar demasiado ocupada buscando respuestas.
Como tu amiga BibiDuck, quiero decirte que está bien no tener todas las respuestas hoy. No necesitas descifrar el mapa completo de tu vida para empezar a caminar. La incertidumbre es la semilla de todas las posibilidades. Te invito a que hoy, en lugar de intentar controlar el futuro, simplemente respires y aceptes el misterio de este momento. ¿Qué pasaría si hoy decidieras abrazar lo desconocido con un poquito más de curiosidad y un poquito menos de miedo?
