Muchos se emocionan al empezar, pero pocos perseveran hasta el final.
A veces, cuando empezamos algo nuevo, sentimos una chispa de emoción que nos hace creer que el mundo es nuestro. Esa chispa es el entusiasmo, y es una sensación maravillosa, casi eléctrica. Sin embargo, la frase de Angela Duckworth nos recuerda una verdad un poco más profunda y, a veces, un poco más difícil de aceptar: el entusiasmo es muy común, pero la resistencia es lo que realmente marca la diferencia. El entusiasmo es ese impulso inicial que nos empuja a inscribirnos en el gimnasio o a comprar un cuaderno nuevo para escribir, pero la resistencia es lo que nos hace aparecer cuando el cansancio pesa y la motivación parece haberse esfumado.
En nuestra vida cotidiana, vemos esto constantemente. Es muy fácil emocionarse con un proyecto creativo un lunes por la mañana, pero lo verdaderamente valioso es lo que sucede el jueves por la tarde, cuando el café ya no hace efecto y las dudas empiezan a asomar. La verdadera magia no reside en la intensidad del comienzo, sino en la constancia de los pasos pequeños y silenciosos. Es esa capacidad de seguir adelante, de mantener el ritmo incluso cuando el brillo del entusiasmo ha disminuido un poco y solo queda la disciplina de lo cotidiano.
Recuerdo una vez que intenté aprender a tejer. Al principio, estaba desbordante de alegría; compraba lanas de todos los colores y seguía tutoriales con una energía contagiosa. Pero, tras un par de semanas, los nudos se volvían complicados y mis dedos se sentían torpes. El entusiasmo seguía ahí, pero la resistencia me estaba faltando. Me sentía frustrada porque no veía resultados inmediatos. Fue entonces cuando comprendí que no necesitaba más emoción, sino más paciencia para aceptar que el progreso real se construye en esos momentos de aburrimiento o dificultad, donde decides no soltar las agujas.
Como tu amiga BibiDuck, siempre estaré aquí para recordarte que no necesitas ser una llamarada constante para lograr grandes cosas. Está bien tener días donde la chispa se siente tenue. Lo importante es que no dejes de avanzar, aunque sea un milímetro por día. La resistencia es un acto de amor propio y de compromiso con tus sueños más profundos. Hoy te invito a que mires aquello que has estado postergando por falta de ganas y te preguntes qué pequeño paso puedes dar, no por emoción, sino por pura y hermosa perseverancia.
