A veces, cuando pensamos en el amor, nos imaginamos una competencia silenciosa donde alguien debe salir victorioso y alguien debe perder. Nos enseñaron, quizás sin querer, que para ser amados debemos ser los más fuertes, los más inteligentes o los que tienen la última palabra. Pero la hermosa frase de Eva Gabor nos invita a cambiar totalmente esa perspectiva. Nos dice que el amor no es un tablero de ajedrez donde uno cae, sino un juego compartido donde la verdadera victoria es el florecimiento de ambos corazones.
En nuestra vida cotidiana, esto se traduce en los pequeños gestos de generosidad. No se trata de grandes gestos heroicos, sino de cómo decidimos reaccionar cuando nuestra pareja tiene un mal día o cómo celebramos sus éxitos como si fueran propios. Cuando dejamos de intentar 'ganar' una discusión y empezamos a intentar 'ganar' la paz en nuestra relación, es cuando realmente empezamos a jugar este juego de la manera correcta. El amor florece cuando la meta no es tener la razón, sino fortalecer el vínculo.
Recuerdo una vez que estaba ayudando a una amiga que se sentía muy agotada por una discusión constante con su pareja. Ella sentía que siempre terminaba cediendo y que estaba perdiendo su identidad. Me senté con ella y le dije que quizás estaban tratando de jugar un juego de suma cero, donde lo que uno gana, el otro lo pierde. Le sugerí que intentaran un nuevo juego: uno donde cada vez que ella hiciera un gesto de cariño, el objetivo fuera ver cuánto podía sonreír su compañero. Al cambiar la dinámica de la competencia a la colaboración, la atmósfera en su hogar cambió por completo.
Como tu amiga BibiDuck, siempre estaré aquí para recordarte que no necesitas proteger tu corazón con muros de victoria, sino abrirlo con la valentía de compartir. No tengas miedo de ser la primera en dar un paso hacia el otro, de ser la primera en ofrecer un abrazo o un cumplido sincero. Al final del día, la única forma de ganar en el amor es asegurándote de que la persona que tienes al lado se sienta tan amada y valorada como tú.
Hoy te invito a que reflexiones sobre tus relaciones actuales. ¿Estás jugando para ganar tú solo, o estás jugando para que ambos ganen? Intenta hoy un pequeño gesto de entrega sin esperar nada a cambio, y observa cómo ese pequeño movimiento puede cambiar el rumbo de todo el juego.
