A veces me detengo a pensar en lo increíble que es nuestra esencia al nacer. Cuando escucho la frase de Marianne Williamson que dice que el amor es lo que traemos al mundo y el miedo es lo que aprendemos, siento un pequeño calorcito en el corazón. Es como si cada uno de nosotros llegara a este mundo con una luz propia, una capacidad infinita de conectar y de dar, sin ninguna barrera. El amor no es algo que debamos construir con esfuerzo agotador, sino algo que simplemente reside en nuestro núcleo, esperando ser descubierto bajo las capas de dudas que acumulamos con el tiempo.
Sin embargo, la vida no siempre es suave. A medida que crecemos, empezamos a tropezar, a recibir críticas o a enfrentar pérdidas, y es ahí donde el miedo empieza a echar raíces. El miedo es como una mochila que vamos llenando con cada mala experiencia, cada 'no' que recibimos y cada inseguridad que nos susurran al oído. Aprendemos a protegernos, a encerrarnos en nuestra zona de confort y a evitar los riesgos, olvidando que esa capacidad de amar y de brillar sigue intacta debajo de toda esa armadura que nos hemos puesto para no sufrir.
Recuerdo una vez que yo misma me sentía muy pequeña ante un nuevo desafío. Tenía un proyecto que me entusiasmaba, pero el miedo al juicio de los demás era tan grande que casi decido no compartirlo con nadie. Me sentía atrapada en esa red de aprendizajes negativos. Pero entonces, hice una pausa y respiré profundo, tratando de recordar mi esencia original. Me di cuenta de que el miedo era solo una lección aprendida, una capa de pintura vieja sobre un lienzo lleno de colores vibrantes. Al permitirme ser vulnerable, descubrí que el amor por lo que hacía era mucho más fuerte que el temor al qué dirán.
No tienes que luchar contra el miedo como si fuera un enemigo mortal, sino aprender a reconocerlo como algo que simplemente aprendiste en el camino. Puedes empezar a despojarte de esas capas poco a poco, con mucha paciencia y mucha ternura hacia ti mismo. Hoy te invito a que cierres los ojos un momento y te preguntes qué parte de ti ha sido silenciada por el miedo. ¿Qué pasaría si hoy decidieras confiar un poquito más en ese amor natural que ya vive en ti? Solo un pequeño paso hacia tu propia luz es suficiente para empezar a sanar.
