“Decimos que perdemos el tiempo, pero eso es imposible. Nos perdemos a nosotros mismos.”
No es el tiempo lo que se pierde, somos nosotros quienes nos extraviamos.
A veces nos quedamos mirando el reloj con una sensación de culpa, sintiendo que las horas se nos escapan entre los dedos sin haber logrado nada importante. Decimos que el tiempo se nos fue, que lo desperdiciamos en tareas sin sentido o en distracciones vacías. Pero la frase de Alice Bloch nos invita a mirar más allá del reloj y observar nuestro propio corazón. Ella nos sugiere que el tiempo es una constante, algo que fluye sin detenerse, y que lo que realmente perdemos no son los minutos, sino nuestra propia esencia, nuestra energía y nuestra presencia en el aquí y el ahora.
Pensar que desperdiciamos tiempo es una forma de quitarnos la responsabilidad de cómo estamos viviendo. Es mucho más profundo y, a la vez, más movilizador entender que lo que estamos descuidando es nuestro propio ser. Cuando estamos físicamente en un lugar pero nuestra mente está perdida en lamentos por el pasado o ansiedades por el futuro, no estamos perdiendo tiempo, nos estamos perdiendo a nosotros mismos. Estamos dejando que la vida pase sin participar realmente en ella, convirtiéndonos en espectadores de nuestra propia existencia.
Recuerdo una tarde en la que intentaba leer un libro que me encantaba, pero no dejaba de revisar el teléfono cada dos minutos. Al terminar, sentí una frustración enorme, pensando que había perdido una hora valiosa de lectura. Sin embargo, al reflexionar, me di cuenta de que el problema no era la hora perdida, sino que mi atención estaba fragmentada. No estaba presente para la historia, ni para mis propios pensamientos. Me estaba abandonando en un mar de notificaciones irrelevantes, descuidando ese pequeño momento de paz que tanto necesitaba para mi alma.
Como tu amiga BibiDuck, quiero invitarte a que hoy no te castigues por lo que crees que no hiciste, sino que te preguntes cómo puedes volver a ti. No se trata de llenar cada segundo con productividad, sino de llenar cada segundo con intención. La próxima vez que sientas que el tiempo se te escapa, detente un momento, respira profundo y pregúntate si estás presente en lo que estás haciendo. Regálate el permiso de habitar tu propia vida con toda tu atención, porque tú eres lo más valioso que tienes para invertir en este mundo.
