A veces, la vida nos pone frente a una puerta que parece pesar toneladas. Esa sensación de pesadez, ese miedo que nos hace querer dar media vuelta y regresar a lo conocido, no siempre es una señal de que nos estamos equivocando. Como bien dice Steven Pressfield, cuanto más importante es una acción para la evolución de nuestra alma, más resistencia sentiremos al intentar perseguirla. Es como si una parte de nosotros, por puro instinto de supervivencia, intentara protegernos del cambio, aunque ese cambio sea precisamente lo que nos hará florecer.
En el día a día, esta resistencia se disfraza de excusas muy convincentes. Nos decimos que no es el momento adecuado, que estamos demasiado cansados o que quizás deberíamos esperar a tener todo bajo control. Pero la verdad es que la comodidad suele ser el mayor enemigo del crecimiento. La resistencia no es un muro que nos detiene, sino una brújula que nos indica que estamos tocando algo profundo, algo que realmente importa y que tiene el poder de transformarnos.
Recuerdo una vez que yo misma, en mis momentos de duda, sentía un nudo en el estómago antes de intentar escribir algo muy vulnerable. Era una resistencia feroz que me decía que era mejor quedarme en lo seguro, en lo que ya sabía hacer. Pero al final, comprendí que ese miedo era la prueba de que lo que estaba intentando crear tenía un propósito real. Si no hubiera sentido ese impulso de retroceder, probablemente no habría aprendido nada nuevo sobre mi propia capacidad de conectar con los demás.
Seguramente te está pasando algo similar ahora mismo. Tal vez tienes un proyecto en mente, una conversación pendiente o un cambio de hábito que te genera una ansiedad inexplicable. No ignores ese malestar, pero tampoco dejes que te paralice. En lugar de verlo como una señal de peligro, intenta verlo como una señal de importancia. Ese temblor en tus manos es la señal de que tu alma está lista para expandirse.
Hoy te invito a que observes esa resistencia con mucha ternura. No luches contra ella con dureza, solo reconócela y pregúntate qué es lo que intenta proteger. Una vez que identifiques ese miedo, da un pequeño paso, aunque sea diminuto, hacia aquello que te asusta. Verás que, al avanzar, la resistencia empieza a transformarse en una fuerza increíble que te impulsa hacia adelante.
