A veces, cuando caminamos por la vida, es muy fácil perder de vista nuestra propia luz porque estamos demasiado ocupados mirando el brillo de los demás. La frase de Theodore Roosevelt, Comparación es el ladrón de la alegría, es un recordatorio tan dulce y necesario para nuestros corazones. Significa que cada vez que medimos nuestro valor basándonos en los logros, las posesiones o incluso las apariencias de otra persona, estamos permitiendo que un pequeño ladrón se cuele en nuestra casa y nos robe la satisfacción de lo que ya hemos construido.
En el día a día, esto sucede de formas muy sutiles. Puede ser mientras deslizamos el dedo por la pantalla de nuestro teléfono y vemos las vacaciones perfectas de un conocido, o cuando sentimos que nuestra carrera no avanza tan rápido como la de un antiguo compañero de clase. Esos momentos de duda no son más que ese ladrón intentando quitarnos la paz. Nos hacen olvidar que nuestra trayectoria es única y que nuestro ritmo es el correcto para nuestra propia alma.
Recuerdo una vez que yo misma me sentía un poco triste porque veía que otros proyectos florecían con una rapidez que yo no lograba alcanzar. Me sentía estancada, como si estuviera corriendo en un círculo mientras el resto del mundo avanzaba en línea recta. Pero luego, me detuve a observar mis propios pequeños avances, las lecciones aprendidas y la calma que había logrado cultivar. Me di cuenta de que, al mirar hacia los lados, me estaba perando la oportunidad de disfrutar mi propio proceso. Mi jardín no era igual al de los demás, pero era hermoso y estaba lleno de vida a su manera.
No se trata de ignorar el crecimiento de los demás, sino de aprender a celebrar sus éxitos sin que eso signifique que los tuyos sean menores. Cada flor tiene su propio tiempo para abrir sus pétalos y no por eso es menos valiosa. Tu camino es sagrado y tiene una magia que nadie más puede replicar.
Hoy te invito a que hagas una pequeña pausa. Mira hacia atrás y reconoce todo lo que has superado y lo que has logrado, por pequeño que te parezca. Intenta cerrar las ventanas por donde entra la comparación y abre las que dejan entrar la gratitud por tu propia historia. ¿Qué es aquello que hoy te hace sentir orgulloso de ser quien eres?
