“Casi todos los hombres soportan la adversidad, pero si quieres poner a prueba el carácter de un hombre, dale poder.”
El éxito crece cuando el esfuerzo constante, el buen criterio y la acción disciplinada trabajan juntos a lo largo del tiempo.
A veces pensamos que la verdadera fuerza de una persona se demuestra cuando todo va mal, cuando las tormentas de la vida nos golpean y nos obligan a resistir. Es fácil ser valiente cuando estamos en la lucha, pero la frase de Abraham Lincoln nos invita a mirar en una dirección distinta y mucho más reveladora. Nos dice que la verdadera prueba de quiénes somos no ocurre en la carencia o en el sufrimiento, sino en la abundancia y en la capacidad de mandar sobre otros o sobre nuestro propio destino sin perder la esencia.
En nuestro día a día, esto se traduce en cómo tratamos a los demás cuando finalmente logramos alcanzar esa meta que tanto deseábamos. Es muy sencillo ser amable cuando necesitamos ayuda, pero ¿cómo es nuestro trato hacia el recepcionista, hacia nuestro empleado o hacia nuestro compañero cuando ya no necesitamos nada de ellos y tenemos el control de la situación? El poder tiene una forma curiosa de actuar como un espejo, quitando las máscaras de la humildad y mostrando lo que realmente habita en nuestro corazón.
Recuerdo una vez que vi a una amiga muy querida recibir un ascenso importante en su trabajo. Durante años, fue la persona más dulce y colaboradora del equipo, siempre dispuesta a ayudar. Sin embargo, al obtener ese nuevo cargo de autoridad, su trato cambió drásticamente; empezó a usar su posición para invalidar las ideas de los demás y para imponer su voluntad sin escuchar. Fue doloroso ver cómo el poder, en lugar de expandir su luz, parecía haber encogido su empatía. Ese momento me enseñó que la autoridad puede ser una herramienta de construcción o un arma de destrucción para el carácter.
Aquí en mi pequeño rincón de DuckyHeals, siempre trato de recordar que la verdadera grandeza no reside en cuántas personas nos obedecen, sino en cuántas personas se sienten inspiradas y seguras bajo nuestro cuidado. El poder debe ser un servicio, no un pedestal. Por eso, hoy te invito a que hagas una pequeña pausa y reflexiones sobre tus propias pequeñas victorias. Cuando sientas que tienes el control, pregúntate con mucha ternura: ¿estoy usando esta oportunidad para elevar a los demás o solo para elevarme a mí mismo?
Te animo a que hoy busques una oportunidad para ejercer tu influencia con bondad, demostrando que tu carácter es tan sólido en la cima como lo fue en la base.
