A veces, el dolor se convierte en una especie de manta vieja y pesada. No es cómoda, de hecho, nos quema y nos cansa, pero es nuestra. La hermosa y profunda reflexión de Thich Nhat Hanh nos invita a mirar de frente una verdad que solemos evitar: preferimos el refugio de una tristeza conocida antes que la incertidumbre de un nuevo amanecer. Es mucho más fácil llorar por lo que perdimos que intentar construir algo nuevo sobre las cenizas, porque lo conocido, aunque nos duela, nos da una falsa sensación de seguridad.
En el día a día, esto se manifiesta en pequeñas decisiones que nos mantienen estancados. Lo veo en las relaciones que ya no nos nutren, pero que mantenemos por miedo a la soledad, o en trabajos que nos roban la alegría pero que nos ofrecen la rutina de lo predecible. Nos aferramos al sufrimiento porque aprender a vivir sin él significa enfrentarnos al vacío, a ese territorio desconocido donde no tenemos un mapa ni una brújula. Es como intentar caminar en la oscuridad total; preferimos quedarnos sentados en el rincón oscuro que conocemos, aunque nos estemos haciendo daño.
Recuerdo una vez que me sentía atrapada en una tristeza muy profunda, una de esas que se instalan en el pecho y no te dejan respirar. Me aferraba a mis recuerdos tristes como si fueran tesoros, porque sentía que si los soltaba, perdería una parte de mi propia identidad. Me daba pavor pensar en quién sería yo si dejaba de ser la persona que sufre. Fue solo cuando me permití aceptar el miedo al vacío que empecé a notar que, debajo de esa capa de dolor, había un espacio enorme esperando ser llenado con nuevas luces y colores.
Soltar no es un acto de fuerza bruta, sino un acto de confianza. Es permitirnos la vulnerabilidad de no saber qué vendrá después. No te pido que dejes de sentir tu dolor de la noche a la mañana, pero te invito a que hoy, con mucha ternura, te preguntes qué parte de tu tristeza estás protegiendo con tanto celo. ¿Es miedo a la soledad? ¿Es miedo al cambio? Solo al reconocer ese miedo podremos empezar a caminar hacia la luz.
Hoy te animo a que respires profundo y, con mucha suavidad, intentes soltar un pequeño hilo de ese pasado que te pesa. No necesitas saltar al vacío todavía, solo basta con abrir un poquito la ventana para que entre aire fresco. Recuerda que lo desconocido también puede ser el lugar donde florezcan tus sueños más hermosos.
