“Y los que fueron vistos bailando eran considerados locos por quienes no podían oír la música del asombro”
Quienes experimentan el asombro pueden parecer extraños a quienes no lo sienten.
A veces, la vida se siente como un escenario donde todos esperan que sigamos un guion preestablecido. La frase de Nietzsche nos invita a mirar más allá de las apariencias y a entender que la verdadera locura no es bailar sin ritmo, sino vivir sin asombro. Cuando hablamos de la música del asombro, nos referimos a esa capacidad de conmovernos con lo pequeño, con lo inesperado y con lo que otros simplemente pasan por alto por estar demasiado ocupados juzgando.
En nuestro día a día, es muy fácil caer en la trampa de la lógica fría y el pragmatismo extremo. Nos enseñan a ser serios, a ser productivos y a no perder el tiempo en cosas que no parecen tener un fin utilitario. Pero, ¿qué pasa con la alegría de ver un atardecer especialmente vibrante o la risa incontrolable por un chiste tonto? Muchas veces, cuando nos permitimos esos momentos de pura emoción, los que nos rodean, atrapados en su propia seriedad, nos miran con extrañeza, como si estuviéramos fuera de lugar.
Recuerdo una vez que estaba caminando por el parque, sumida en mis propios pensamientos y preocupaciones, cuando vi a una mujer mayor sentada en un banco. No estaba haciendo nada extraordinario, pero tarareaba una melodía y movía sus manos al aire con una delicadeza casi mágica, como si estuviera dirigiendo una orquesta invisible. Al principio, sentí esa pequeña punzada de juicio social, ese pensamiento de que era algo extraño. Pero luego me di cuenta de que ella no estaba loca; simplemente era la única que podía escuchar la música de la maravilla en ese momento del día. Ella estaba habitando su propia magia.
Yo, como tu pequeña amiga BibiDuck, siempre trato de recordar que mi corazón late al ritmo de esas pequeñas maravillas. No importa si el mundo piensa que estamos demasiado emocionados por las cosas simples. Lo que realmente importa es que nuestra propia melodía sea auténtica y nos llene de paz.
Hoy te invito a que te permitas un momento de baile, aunque sea interno. Busca esa música que solo tú puedes escuchar, esa capacidad de asombrarte por lo cotidiano. No permitas que el ruido de las opiniones ajenas apague tu capacidad de sentir asombro; al contrario, deja que ese asombro sea tu guía más fiel.
