A veces, la vida nos presenta despedidas que duelen profundamente. Esa frase de Helen Keller nos recuerda algo que solemos olvidar cuando estamos en medio de la tristeza: el cierre de un ciclo no es el fin de nuestra capacidad de ser felices, sino el espacio necesario para que algo nuevo comience. Nos quedamos ahí, con la mirada clavada en la cerradura de esa puerta que ya no se abrirá, lamentando lo que pudo ser, mientras el resto del mundo sigue girando y nuevas oportunidades intentan llamar a nuestra ventana.
Es muy fácil perderse en la nostalgia. En el día a día, esto se traduce en esos momentos donde no podemos dejar de pensar en un trabajo que perdimos, una relación que terminó o incluso un plan que no salió como esperábamos. Nos volvemos expertos en analizar el pasado, buscando errores o culpables, y en ese proceso de mirar hacia atrás, nos volvemos ciegos a lo que tenemos frente a nosotros. Nos olvidamos de que el presente siempre tiene una pequeña luz esperando ser descubierta si tan solo levantamos la vista.
Recuerdo una vez que me sentía muy triste porque un proyecto muy querido en el que había trabajado meses se canceló de repente. Me pasé días mirando ese vacío, sintiendo que todo mi esfuerzo había sido en vano. Estaba tan concentrada en la frustración de lo que se había cerrado, que no me di cuenta de que ese tiempo libre me permitió empezar a leer un libro que cambió mi perspectiva y me dio la energía para iniciar algo mucho más bonito. Fue como si, al dejar de mirar la puerta cerrada, finalmente pudiera ver el camino que se abría ante mis patas.
No te culpo si hoy te sientes así, con la mirada fija en lo que ya no está. Es parte de sanar. Pero te invito a que, poco a poco, intentes desviar la vista. No tienes que ignorar tu dolor, solo trata de no dejar que sea lo único que veas. Date permiso para explorar los rincones de tu vida que aún están llenos de luz. ¿Qué pequeña oportunidad está intentando llamar a tu puerta hoy mismo? Tal vez sea una nueva amistad, un nuevo hobby o simplemente un momento de paz que habías olvidado disfrutar.
