“Vende tu astucia y compra perplejidad, porque la astucia es mera opinión pero el asombro toca la verdad”
El asombro alcanza verdades que la mera astucia nunca podrá captar.
A veces, pasamos demasiado tiempo intentando tener todas las respuestas. Nos esforzamos por ser inteligentes, por analizar cada detalle y por entender la lógica detrás de cada situación. Pero esta hermosa frase de Rumi nos invita a soltar esa necesidad de control. Nos dice que nuestra astucia es solo una opinión, algo limitado por lo que ya conocemos, mientras que el asombro es la puerta de entrada a una verdad mucho más profunda y real. Cuando dejamos de intentar explicarlo todo, permitimos que la magia de la existencia nos alcance.
En el día a día, esto se traduce en aprender a mirar el mundo con ojos nuevos. Solemos caminar por la calle con la mente llena de listas de tareas y juicios sobre lo que nos rodea. Nos volvemos expertos en etiquetar todo lo que vemos, pero perdemos la capacidad de sentir la sorpresa. La inteligencia nos ayuda a sobrevivir, es cierto, pero es el asombro lo que nos hace sentir verdaderamente vivos. Es esa pequeña chispa de curiosidad la que nos conecta con lo que realmente importa.
Recuerdo una tarde en la que me sentía muy frustrada porque no lograba resolver un pequeño problema cotidiano. Estaba atrapada en mis propios pensamientos, tratando de ser lo más lógica posible, hasta que me detuve a observar cómo la luz del atardecer se filtraba entre las hojas de un árbol en mi jardín. Por un momento, dejé de intentar ser lista y simplemente me permití estar confundida por la belleza de ese juego de luces y sombras. En ese estado de asombro, mis preocupaciones perdieron peso y me sentí conectada con algo mucho más grande que mis propios planes.
Como tu amiga BibiDuck, siempre te animaré a que busques esos momentos de desconcierto positivo. No tengas miedo de no entender algo o de sentirte pequeña ante la inmensidad del universo. La próxima vez que te encuentres frente a algo que te parezca inexplicable, no intentes diseccionarlo de inmediato. Simplemente respira, observa y permite que el asombro te guíe hacia una verdad más dulce. ¿Qué pequeña maravilla podrías intentar observar hoy sin juzgarla?
