A veces pensamos que para ser buenas personas solo necesitamos evitar hacer daño. Creemos que mientras no gritemos, mientras no mintamos y mientras no tomemos decisiones egoístas, estamos cumpliendo con nuestro deber moral. Sin embargo, la frase de John Stuart Mill nos invita a mirar un rincón mucho más profundo y, a veces, un poco incómodo de nuestra propia humanidad. Nos recuerda que el silencio y la pasividad también tienen consecuencias. No somos solo lo que hacemos, sino también lo que decidimos dejar de hacer cuando alguien nos necesita.
En el día a día, esta idea se manifiesta de formas muy sutiles pero poderosas. No se trata solo de grandes actos de injusticia histórica, sino de esos pequeños momentos en los que vemos algo que no está bien y decidimos mirar hacia otro lado para no complicarnos la vida. La inacción es como una pequeña grieta en un dique; parece inofensiva al principio, pero con el tiempo, permite que el agua fluya y debilite toda la estructura. Cuando ignoramos una injusticia pequeña, estamos permitiendo que el mal gane terreno sin haber levantado ni un solo dedo.
Recuerdo una tarde en la que estaba en una cafetería y vi cómo un camarero era tratado con una rudeza innecesaria por un cliente. Yo estaba sumergida en mis pensamientos, concentrada en mi libro, y simplemente no dije nada. Me sentí cómoda en mi burbuja, pero al ver la expresión de tristeza en el rostro de esa persona, me di cuenta de que mi silencio era una forma de complicidad. No hice daño directamente, pero mi falta de acción permitió que ese mal momento ocurriera sin resistencia. Ese día comprendí que la empatía requiere valentía para romper el silencio.
Como tu amiga BibiDuck, siempre trato de recordarte que tu luz tiene el poder de iluminar los rincones oscuros. No necesitas ser un héroe de película para marcar la diferencia, pero sí necesitas estar presente y consciente. A veces, un pequeño gesto de apoyo o una palabra de defensa puede cambiar el rumbo de un día para alguien. No permitas que la comodidad de la indiferencia te robe la oportunidad de ser parte de la solución.
Hoy te invito a reflexionar sobre tus propios silencios. ¿Hay alguna situación en tu entorno que estés ignorando por miedo o pereza? No te presiones para cambiar el mundo entero de la noche a la mañana, pero intenta que tu próxima acción, por pequeña que sea, sea un paso hacia la justicia y la bondad.
