A veces, la vida se siente como una carrera hacia una meta que siempre parece estar un poco más allá de nuestro alcance. Esa frase de Eduardo Galeano nos habla de algo muy profundo: la idea de que la perfección o la utopía no es un lugar al que llegamos y nos sentamos a descansar, sino el movimiento mismo que hacemos para intentar alcanzarla. Me encanta cómo nos recuerda que el valor no está en alcanzar la cima, sino en la valentía de seguir caminando, incluso cuando el horizonte parece alejarse con cada paso que damos.
En nuestro día a día, solemos frustrarnos cuando nuestros proyectos no salen perfectos o cuando intentamos mejorar algo en nuestra comunidad y parece que los problemas regresan con más fuerza. Nos sentimos agotados porque pensamos que si no hemos logrado el cambio total, entonces nuestro esfuerzo fue en vano. Pero la belleza de la vida reside en ese esfuerzo constante. La justicia, la paz y el amor no son destinos finales, sino la dirección en la que decidimos orientar nuestros pies cada mañana.
Recuerdo una vez que intenté cuidar un pequeño jardín en mi patio. Al principio, estaba tan obsesionada con que todas las flores crecieran perfectas y simétricas que me frustraba cada vez que una maleza aparecía o una planta se marchitaba. Sentía que estaba fracasando. Sin embargo, un día me detuve a observar y me di cuenta de que el placer no estaba en el jardín terminado, sino en el acto de remover la tierra, de regar con cuidado y de observar cómo la vida intentaba abrirse paso. Mi jardín era una pequeña utopía en movimiento, y mi labor era simplemente seguir cuidándolo.
Como tu amiga BibiDuck, quiero decirte que no te desanimes si sientes que tus avances son pequeños o si sientes que retrocedes un poco. No te enfoques tanto en la distancia que te separa de tu ideal, sino en la dignidad de tus pasos. Cada vez que eliges la amabilidad sobre la ira, o la perseverancia sobre el abandono, estás construyendo ese horizonte.
Hoy te invito a que reflexiones sobre algo que estés intentando lograr. En lugar de mirar qué tan lejos está la meta, pregúntate qué puedes aprender del simple hecho de seguir caminando. ¿Qué pequeño paso puedes dar hoy, solo por el placer de avanzar?
