A veces me detengo a pensar en las cosas que hacemos cada día y en qué es lo que realmente mueve nuestro corazón. Esta frase de Man Ray me hace reflexionar sobre la diferencia tan profunda que existe entre actuar por puro amor y actuar por simple obligación. Un original nace de un deseo ardiente, de esa chispa interna que nos empuja a crear algo único, mientras que la reproducción es solo un intento de cumplir con lo que el mundo nos exige para sobrevivir o encajar. Es una distinción entre la pasión que nos hace sentir vivos y la rutina que nos mantiene simplemente funcionando.
En nuestra vida cotidiana, es muy fácil caer en el modo de reproducción. Nos levantamos, seguimos un guion, cumplimos con nuestras tareas y repetimos patrones que otros han trazado para nosotros. Lo hacemos por necesidad, para pagar las cuentas o para no decepcionar a nadie. Pero, ¿dónde queda nuestra esencia? Cuando dejamos de lado nuestros deseos para solo cumplir con lo necesario, empezamos a sentir un vacío, como si nuestra propia luz se fuera apagando poco a poco bajo el peso de la repetición.
Recuerdo una vez que me sentía muy abrumada por todas mis responsabilidades. Estaba intentando escribir todo lo que se esperaba de mí, siguiendo reglas y estructuras que no sentía mías. Era como si estuviera copiando un dibujo que ya existía, sin alma. Un día, decidí dejar de lado el miedo al error y simplemente me permití jugar con las palabras, sin buscar la perfección, solo por el placer de sentir la emoción del momento. Ese pequeño acto de buscar mi propio deseo, y no la necesidad de complacer, transformó por completo mi energía y me devolvió la alegría.
Como tu amiga BibiDuck, quiero invitarte a que hoy mismo busques ese pequeño espacio de originalidad en tu día. No tiene que ser una obra de arte monumental; puede ser la forma en que preparas tu café, una palabra amable que eliges con intención o un pasatiempo que te hace sonreír sin que nadie te esté mirando. Busca aquello que nace de tu deseo genuino y no de la presión externa.
Te animo a que te preguntes: ¿Qué parte de mi día de hoy ha sido una creación de mi propio deseo? Intenta encontrar ese pequeño destello de autenticidad y abrázalo con todo tu corazón, porque es ahí donde reside tu verdadera belleza.
