“Un amor propio saludable significa que no tenemos la obligación de justificar ante nosotros mismos ni ante otros por qué nos damos vacaciones, dormimos hasta tarde o nos consentimos de vez en cuando.”
Consentirte no necesita justificación.
A veces, el ruido del mundo es tan fuerte que terminamos creyendo que nuestra importancia depende de las etiquetas que llevamos o de las cosas que acumulamos en nuestros estantes. La frase de Thomas Edison nos invita a hacer una pausa y mirar hacia adentro, recordándonos que nuestro valor es una esencia inalterable, algo que reside en nuestra bondad, nuestra resiliencia y nuestra capacidad de amar, y no en el saldo de nuestra cuenta bancaria o en las posesiones materiales que nos rodean.
En el día a día, es muy fácil caer en la trampa de la comparación. Vemos las fotos de otros en redes sociales, llenas de viajes lujosos o artículos de marca, y sentimos una punzada de insuficiencia. Empezamos a pensar que si no logramos alcanzar ese estándar de éxito material, entonces no somos lo suficientemente valiosos. Pero la verdad es que las cosas materiales son transitoríamos; pueden irse con un mal momento económico o un cambio de suerte, mientras que lo que tú eres permanece contigo en cada etapa de la vida.
Recuerdo una vez que estaba pasando por una racha de mucha tristeza y sentía que no tenía nada que ofrecer al mundo porque mis proyectos no estaban funcionando. Me sentía vacía, como si mi utilidad hubiera desaparecido junto con mis éxitos. Sin embargo, un amigo me recordó que mi valor no estaba en mis logros, sino en la forma en que escuchaba, en mi paciencia y en la calidez con la que trataba a los demás. Ese momento me enseñó que incluso cuando las manos están vacías, el corazón puede estar lleno de una riqueza que nadie puede arrebatarte.
Como tu amiga BibiDuck, quiero recordarte que eres un tesoro por el simple hecho de existir. No necesitas demostrar nada a nadie a través de objetos o títulos. Tu valor es intrínseco, es esa luz suave que brilla cuando eres fiel a tus valores y cuidas de tu alma. No permitas que el brillo de lo material nuble la belleza de tu propia humanidad.
Hoy te invito a que te mires al espejo y, en lugar de buscar imperfecciones o carencias, intentes identificar una cualidad de tu carácter que te haga sentir orgullosa. ¿Es tu generosidad? ¿Es tu valentía? Celebra lo que eres, porque eso es lo único que realmente te pertenece para siempre.
