Audre Lorde nos advierte que callarse no es una estrategia de protección.
A veces, el silencio se siente como un refugio seguro, como una manta cálida que nos envuelve cuando el mundo exterior se vuelve demasiado ruidoso o difícil. Creemos que si no decimos nada, si nos mantenemos pequeños y callados, los problemas perderán nuestro rastro y nos dejarán en paz. Pero las palabras de Audre Lorde nos recuerdan una verdad profunda y un poco inquietante: el silencio no es un escudo, sino una pared que nos aísla de nuestra propia fuerza y de la ayuda que tanto necesitamos.
En el día a día, solemos usar el silencio para evitar conflictos o para no incomodar a los demás. Guardamos nuestras tristezas, nuestros miedos y nuestras verdaderas opiniones bajo llave, pensando que así mantenemos la armonía. Sin embargo, ese silencio interno suele crecer hasta convertirse en una carga pesada que nos asfixia. Cuando no nombramos lo que nos duele o lo que nos apasiona, permitimos que las circunstancias sigan moldeando nuestra vida sin que tengamos voz para cambiar el rumbo.
Recuerdo una vez que me sentía muy abrumada por una situación injusta en mi entorno. Me quedé callada durante semanas, pensando que si no protestaba, la tormenta pasaría de largo. Pero mientras más callada estaba, más grande se volvía mi ansiedad. Fue solo cuando decidí hablar, con mucha valentía y un poco de temblor en la voz, que empecé a sentirme liberada. Al ponerle nombre a mi malestar, le quité el poder de esconderme en las sombras y pude empezar a buscar soluciones reales.
Hablar no significa necesariamente gritar o causar un caos, sino tener la honestidad de ser vistos y escuchados. Es un acto de amor propio reconocer que nuestra voz tiene un valor y que nuestro silencio no nos salvará de las transformaciones necesarias en la vida. Al romper el silencio, abrimos una puerta hacia la verdadera conexión con nosotros mismos y con los demás.
Hoy te invito a que reflexiones sobre qué partes de tu historia estás guardando bajo llave. No necesitas decir todo a todo el mundo de golpe, pero busca un pequeño espacio, una persona segura o incluso un diario, para empezar a nombrar aquello que te importa. No dejes que tu verdad se pierda en el silencio; deja que empiece a florecer.
