⚡ Empoderamiento
Todo niño es un artista; el problema es cómo seguir siéndolo al crecer
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Preservar nuestro espíritu creativo innato contra las presiones de la conformidad es una práctica de toda la vida.

A veces me detengo a pensar en esa frase de Picasso y me llena de una nostalgia muy dulce. Decir que cada niño es un artista significa que nacemos con una capacidad infinita de asombro, de ver colores donde otros ven gris y de crear mundos enteros con solo un poco de imaginación. El verdadero desafío no es aprender a crear, sino no permitir que las responsabilidades, las prisas y las expectativas del mundo adulto apaguen esa chispa creativa que todos llevamos dentro desde el primer día.

En nuestra vida diaria, es muy fácil caer en la rutina de ser puramente funcionales. Nos convertimos en expertos en cumplir horarios, en pagar cuentas y en seguir reglas, olvidando por completo la libertad de experimentar sin miedo al error. Dejamos de pintar porque nos da miedo que no sea perfecto, dejamos de bailar porque nos importa demasiado quién nos mira y dejamos de soñar porque nos dicen que debemos ser realistas. Nos volvemos adultos muy eficientes, pero quizás un poco vacíos de esa magia que nos hacía sentir vivos.

Recuerdo una tarde en la que me sentía un poco abrumada por mis tareas pendientes. Estaba sentada frente a mi escritorio, con la mente llena de listas y pendientes, cuando vi unos crayones viejos que alguien había dejado olvidados. Por un segundo, sentí esa tentación de simplemente garabatear sin sentido alguno, pero mi mente lógica me decía que tenía cosas más importantes que hacer. Sin embargo, decidí escuchar a esa pequeña parte de mí que aún es niña. Tomé uno de los colores y empecé a dibujar líneas sin forma, solo por el placer de ver el trazo sobre el papel. En ese pequeño instante, el peso de mis preocupaciones se sintió mucho más ligero.

No necesitas convertirte en un pintor profesional para recuperar tu esencia artística. Ser un artista hoy en día puede ser tan simple como cocinar una receta nueva con entusiasmo, tomar una ruta distinta para volver a casa o dedicar diez minutos a observar cómo la luz del sol atraviesa las hojas de un árbol. Se trata de recuperar la capacidad de asombrarnos por lo pequeño y de permitirnos el permiso de jugar con la vida.

Hoy te invito a que busques un pequeño espacio de creatividad en tu día. No busques la perfección, busca la conexión contigo mismo. ¿Qué actividad te hacía sonreír cuando eras pequeño y que has dejado de lado? Tal vez hoy sea el día perfecto para retomar ese pincel, ese cuaderno o simplemente esa mirada curiosa hacia el mundo.

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