“Todo lo que nos negamos a reconocer en nosotros mismos termina exigiendo atención, pero cuando lo miramos, comienza la sanación”
Beattie nos muestra que enfrentar lo que evitamos es el primer paso hacia sanar
A veces, la vida se siente como si estuviéramos tratando de ignorar una pequeña gotera en el techo. Sabemos que está ahí, escuchamos el rítmico goteo en medio de la noche, pero preferimos taparnos la cabeza con la almohada y esperar que desaparezca por arte de magia. Esta hermosa frase de Melody Beattie nos recuerda que aquello que decidimos no ver en nosotros mismos, esas sombras o inseguridades que intentamos esconder, no se van simplemente porque les demos la espalda. Al contrario, suelen manifestarse de formas inesperadas, pidiendo a gritos ser escuchadas para que podamos finalmente encontrar la paz.
En nuestro día a día, esto sucede con mucha frecuencia. Puede ser esa pequeña chispa de envidia que sentimos al ver el éxito de un amigo, o ese nudo en el estómago cuando alguien nos hace una crítica constructiva. Solemos llamar a esto negación. Intentamos convencernos de que somos perfectos o que no nos afecta nada, pero la verdad es que esas emociones reprimidas terminito buscando una salida, ya sea a través de un mal humor repentino, de un cansancio inexplicable o de reacciones desproporcionadas ante problemas pequeños. Lo que no reconocemos, nos termina gobernando sin que nos demos cuenta.
Recuerdo una vez que yo misma, en uno de mis momentos de reflexión, intentaba ignorar mi propio miedo al fracaso. Me decía que era una patita valiente y segura, pero cada vez que enfrentaba un nuevo proyecto, mi ansiedad me robaba el sueño. No quería admitir que tenía miedo porque pensaba que la vulnerabilidad era una debilidad. Solo cuando me senté conmigo misma, con una taza de té y mucha honestidad, y dije en voz alta: Tengo miedo, empecé a sentir un alivio profundo. Al mirar de frente a mi miedo, dejé de luchar contra él y pude empezar a trabajar con él. Fue ahí donde la verdadera sanación comenzó.
Mirar hacia adentro requiere mucha valentía, pero es el único camino hacia la libertad emocional. No se trata de juzgarte con dureza por lo que encuentres en la oscuridad de tu corazón, sino de observar con la misma compasión con la que yo te abrazo hoy. Reconocer tus heridas, tus miedos y tus sombras no te hace menos fuerte; te hace más auténtica y completa. La sanación no ocurre cuando eliminamos lo que no nos gusta de nosotros, sino cuando dejamos de huir de ello.
Hoy te invito a que te tomes un momento de calma. Pregúntate con mucha ternura: ¿Qué parte de mí estoy intentando evitar mirar hoy? No tengas miedo de la respuesta. Solo observa, respira y recuerda que el simple acto de reconocer tu verdad es el primer paso para que tu corazón comience a sanar.
