A veces, cuando nos perdemos en el caos de las responsabilidades adultas, olvidamos que dentro de nosotros vive alguien que todavía tiene los mismos sueños y miedos que cuando éramos adolescentes. La frase de Virgil Abloh nos invita a mirar hacia atrás, no con nostalgia triste, sino con una promesa de lealtad. Significa que cada esfuerzo, cada decisión y cada pequeño triunfo que logramos hoy, tiene como destinatario principal a esa versión de nosotros mismos que alguna vez soñó con ser alguien especial, sin saber qué tan difícil sería el camino.
En el día a día, es muy fácil dejar que la rutina apague nuestra chispa creativa o nuestra pasión. Nos enfocamos tanto en pagar las cuentas o cumplir con las expectativas de los demás, que olvidamos que nuestra esencia se construyó con la curiosidad y la rebeldía de nuestra juventud. Trabajar para nuestro yo de diecisiete años es una forma de honrar nuestra historia. Es decirnos que todo el esfuerzo vale la pena porque estamos construyendo el mundo que aquel joven alguna vez imaginó en su habitación, rodeado de pósteres y sueños infinitos.
Recuerdo una tarde en la que me sentía muy abrumada por mis propios proyectos, sintiendo que no era lo suficientemente buena. Me detuve un momento y traté de visualizarme a los diecisiete años. Esa chica no sabía nada de los problemas técnicos o del estrés profesional, pero tenía una fe inquebrantable en su capacidad de crear. De repente, mi perspectiva cambió. No estaba trabajando para una audiencia crítica, estaba trabajando para que esa chica se sintiera orgullosa de la persona en la que se había convertido. Ese pensamiento me dio el impulso necesario para seguir adelante con una sonrisa.
Te invito a que hoy hagas una pausa y cierres los ojos por un momento. Piensa en ese joven o esa joven que fuiste. ¿Qué le contarías de tu vida actual? ¿Qué cosas le harían brillar los ojos? Intenta que tus acciones de hoy sean un regalo para ese ser del pasado. Tal vez sea empezar ese hobby que tanto te gustaba o simplemente permitirte un momento de juego. Al cuidar de tu esencia más pura, encontrarás una fuente de motivación que nunca se agota.
