“Toda esta creación es esencialmente subjetiva, y el sueño es el teatro donde el soñador es a la vez escena, actor, apuntador, director, autor, público y crítico.”
En los sueños somos creadores de mundos enteros.
A veces, cuando nos detenemos a observar la profundidad de nuestros pensamientos, nos damos cuenta de que el mundo que habitamos no es solo algo que sucede afuera, sino algo que creamos desde adentro. Esta frase de Carl Jung nos invita a entender que nuestra realidad es un reflejo de nuestra propia mente. Es como si nuestra vida fuera una gran obra de teatro donde no solo somos los espectadores que miramos pasar los días, sino que también somos los directores que deciden el rumbo de la trama y los actores que interpretan cada emoción. Todo lo que percibimos está teñido por nuestra propia subjetividad, lo que significa que tenemos un poder inmenso, pero también una gran responsabilidad sobre cómo narramos nuestra historia.
En el día a día, esto se manifiesta de formas muy sutiles pero poderosas. Piensa en esos días en los que te despiertas sintiendo que el mundo es un lugar hostil y gris, donde cada pequeño inconveniente parece una tragedia griega. En esos momentos, tú eres el guionista que ha escrito un libreto de dificultades. Pero, de repente, un gesto amable de un desconocido o un rayo de sol entrando por la ventana puede cambiar el guion por completo, convirtiéndote en el protagonista de una historia de esperanza. La realidad no cambia necesariamente, pero tu papel en ella sí, y con ello, toda la puesta en escena de tu existencia.
Recuerdo una vez que yo, en mi pequeño rincón de tranquilidad, me sentía abrumada por las preocupaciones. Sentía que las nubes negras eran externas y que no podía hacer nada para detener la lluvia. Estaba atrapada en el papel de una víctima indefensa frente a un escenario caótico. Sin embargo, al reflexionar sobre estas palabras, comprendí que yo también era la directora de esa escena. Empecé a cambiar mis diálogos internos, a ser más amable con mi propio personaje y a reescribir las escenas de miedo por escenas de aprendizaje. Al cambiar mi perspectiva interna, el teatro de mi mente comenzó a transformarse, y el mundo exterior empezó a verse mucho más luminoso.
Todos llevamos dentro ese teatro infinito de posibilidades. A veces nos perdemos en el papel de críticos severos, juzgando cada error como si fuera un fracaso irreparable, pero te animo a que hoy intentes ser un autor más compasivo. Te invito a que te observes con curiosidad y te preguntes qué tipo de historia estás construyendo hoy. ¿Qué pequeño cambio podrías introducir en tu guion para que la función de tu vida sea más dulce y llena de luz? Recuerda que tú tienes la pluma en la mano.
