“Solo puedes perder algo que tienes, pero no puedes perder lo que eres, y el asombro es lo que eres”
El asombro no es algo que poseemos sino algo que fundamentalmente somos.
A veces pasamos la vida entera temiendo perder lo que hemos construido. Tememos perder un trabajo, una casa, una relación o incluso nuestra reputación. Es un miedo muy humano, pero esta hermosa frase de Eckhart Tolle nos invita a mirar más allá de las posesiones materiales. Nos recuerda que hay una parte de nosotros, una esencia pura, que es inmutable. Lo que posees puede irse con el viento, pero lo que realmente eres, tu chispa interior, permanece intacto, esperando ser redescubierto a través del asombro.
En el día a día, solemos medir nuestro valor por los logros que podemos tocar o mostrar. Si un proyecto falla o si alguien se aleja de nuestra vida, sentimos que una parte de nosotros se ha roto. Pero la verdad es que esos eventos solo afectan lo que tenías, no lo que eres. El verdadero desafío no es evitar las pérdidas, sino aprender a observar con asombro la esencia que sobrevive a todas las tormentas. Es en ese espacio de quietud donde podemos preguntarnos quiénes somos cuando no hay nada externo que nos defina.
Recuerdo una vez que me sentía muy triste porque había perdido un pequeño objeto que guardaba con mucho cariño, algo que me conectaba con un recuerdo especial. Me sentía vacía, como si una parte de mi historia se hubiera borrado. Mientras intentaba calmar mi corazón, me di cuenta de que la capacidad de amar ese recuerdo, la ternura que sentí al tenerlo y la alegría que me producía, todo eso seguía dentro de mí. El objeto se había ido, pero la capacidad de sentir esa belleza era parte de mi ser, algo que nadie me podía quitar.
Como tu amiga BibiDuck, quiero invitarte a que hoy hagas una pequeña pausa. No te enfoques en lo que te falta o en lo que temes perder. En su lugar, intenta mirar hacia adentro con curiosidad. Pregúntate, con mucha suavidad y sin juzgarte, qué es aquello que permanece en ti incluso en los días más difíciles. Cultivar ese sentido de asombro por tu propia existencia es el primer paso para encontrar una paz que el mundo exterior no puede perturbar.
