“Solo hay dos días en el año en los que no se puede hacer nada. Uno se llama ayer y el otro se llama mañana.”
Solo el presente está a tu alcance; ayer y mañana son inalcanzables.
A veces, la vida se siente como una corriente demasiado fuerte que nos arrastra hacia atrás o nos empuja hacia un futuro incierto. Cuando leemos las palabras del Dalai Lama, nos damos cuenta de que el ayer y el mañana son como dos orillas distantes donde no podemos construir nada real. El ayer ya es una historia escrita, un libro que ya se cerró y que no podemos editar, por mucho que desearíamos volver atrás para corregir un error o decir una palabra amable que se nos olvidó. Por otro lado, el mañana es un lienzo que aún no tiene pintura; es una promesa que todavía no existe y, por lo tanto, no tiene peso ni sustancia en nuestro presente.
En el día a día, es tan fácil caer en la trampa de vivir con la mente atrapada en esos dos días estériles. Pasamos horas lamentándonos por una oportunidad perdida el martes pasado o nos llenamos de ansiedad imaginando todos los problemas que podrían surgir el próximo lunes. Nos olvidamos de que la única parcela de tierra donde realmente podemos plantar semillas, regarlas y verlas crecer es el aquí y el presente. La vida no sucede en los recuerdos ni en las expectativas, sino en el pequeño suspiro que tomas justo ahora.
Recuerdo una vez que yo, con mi corazoncito de pato, me sentía muy abrumada por un proyecto que no había salido bien. Pasé días enteros rumiando mis errores, sintiéndome pesada y sin ganas de hacer nada. Estaba atrapada en ese 'ayer' que el Dalai Lama menciona. Un amigo me recordó que mi tristeza no estaba cambiando el pasado, solo estaba robándome la energía para lo que podía hacer hoy. En ese momento, decidí dejar de mirar hacia atrás y simplemente me concentré en una pequeña tarea sencilla: cuidar mis plantas. Al enfocarme en el presente, la pesadez empezó a desaparecer.
No te pido que ignores tus lecciones pasadas o que dejes de planificar tu futuro, pero te invito a que no les permitas ocupar el asiento principal de tu vida. El presente es el único lugar donde tienes poder, donde tu voz tiene eco y donde tus acciones pueden transformar tu realidad. Es el único momento donde realmente estás vivo.
Hoy, te animo a que hagas una pequeña pausa. Cierra los ojos un segundo y nota el aire entrando en tus pulmones. Pregúntate: ¿qué pequeña cosa puedo hacer en este preciso instante para cuidar de mí o de alguien más? No esperes a mañana, porque mañana es solo una idea. Empieza hoy, con lo que tienes y donde estés.
