A veces, la vida se vuelve tan ruidosa y llena de responsabilidades que olvidamos cómo mirar el mundo con ojos nuevos. La hermosa frase de Rachel Carson nos recuerda que el asombro no es algo que se pierde por accidente, sino algo que necesita ser alimentado. Ese sentido de maravilla que todos traemos al nacer es como una pequeña llama; puede seguir encendida por sí sola un tiempo, pero para que no se apague ante las tormentas de la madurez, necesita de alguien que se detenga con nosotros a contemplar el brillo de una luciérnaga o la forma de una nube.
En nuestro día a día, solemos estar demasiado ocupados revisando la lista de tareas o mirando la pantalla del teléfono como para notar la magia que nos rodea. Nos convertimos en adultos que solo ven utilidad en las cosas, olvidando que un árbol no es solo madera, sino un milagro de la naturaleza. Compartir ese asombro con alguien más es lo que realmente le da sentido a nuestra existencia. Cuando encontramos a un compañero, ya sea un amigo, una pareja o un mentor, que se detiene a decir 'mira qué increíble es esto', nuestra propia capacidad de asombro se expande y se fortalece.
Recuerdo una tarde en la que me sentía muy abrumada por mis propios pensamientos. Estaba sentada en el parque, sintiéndome pequeña y algo gris, cuando vi a un niño intentando explicarle a su abuelo cómo las hormigas parecían llevar tesoros gigantes hacia su hormiguero. Lo que más me conmovió no fue la curiosidad del pequeño, sino la forma en que el abuelo se agachó, se puso a su nivel y escuchó con una atención absoluta, compartiendo ese momento de descubrimiento. En ese instante, el abuelo no solo validaba la curiosidad del niño, sino que estaba protegiendo ese tesoro de asombro para el futuro.
Yo, como BibiDuck, siempre intento encontrar esos pequeños destellos de luz en cada historia que leo. Creo firmemente que todos necesitamos a alguien que nos tome de la mano y nos diga que el mundo sigue siendo un lugar mágico si nos atrevemos a mirar. No necesitamos grandes aventuras, solo una presencia que nos acompañe en lo pequeño.
Hoy te invito a que busques ese momento de conexión. Si tienes a alguien cerca, comparte con esa persona un pequeño detalle que te haya maravillado hoy, ya sea el color de un atardecer o el sabor de un café perfecto. Y si sientes que te falta ese compañero, sé tú esa presencia para alguien más, o busca activamente a quienes aún conservan esa chispa en sus ojos.
