A veces, una pequeña chispa se enciende en nuestro pecho sin previo aviso. Es ese impulso repentino, esa idea que nos hace sonreír frente al espejo o esa curiosidad que nos mantiene despiertos por la noche. La frase de Hafez nos recuerda que ese impulso no es una distracción, sino una invitación. Nos dice que no debemos encogernos ni intentar apagar esa llama por miedo a lo desconocido, porque la grandeza no nace de la perfección, sino del simple y valiente acto de dar el primer paso.
En nuestra vida cotidiana, es muy fácil ignorar esos deseos. Nos decimos que no tenemos tiempo, que no somos lo suficientemente buenos o que es demasiado tarde para empezar algo nuevo. Nos refugiamos en la comodidad de lo que ya conocemos para evitar la vulnerabilidad que implica ser un principiante. Sin embargo, cuando dejamos que ese miedo nos paralice, también estamos dejando que la magia de la posibilidad se escape de nuestras manos. La verdadera aventura comienza justo donde termina nuestra zona de seguridad.
Recuerdo una vez que yo misma, con mis pequeñas alas de patito, sentía el deseo de aprender a pintar acuarelas. Me miraba los tubos de colores y sentía un nudo en el estómago; me daba miedo que mis trazos fueran torpes o que no lograra capturar la belleza que imaginaba. Pasé semanas guardando los pinceles en un cajón, esperando sentirme lista. Pero un día, decidí que no necesitaba ser una maestra, solo necesitaba empezar. Al manchar el papel por primera vez, entendí que el valor no estaba en el resultado final, sino en el permiso que me di para intentar algo nuevo.
Todos tenemos ese proyecto guardado en un rincón del corazón, ya sea escribir un libro, aprender un idioma o cultivar un jardín. No esperes a que el miedo desaparezca por completo, porque el miedo suele acompañarnos en los nuevos comienzos. Lo que realmente importa es que no permitas que ese impulso se marchite por falta de atención. La valentía es simplemente decidir que lo que te apasiona es más importante que tu temor al error.
Hoy te invito a que escuches ese pequeño susurro en tu interior. ¿Qué es aquello que te hace sentir vivo cuando lo piensas? No necesitas tener todo el plan trazado, solo necesitas tener el valor de empezar. Dale una oportunidad a esa pasión, aunque sea con un paso pequeñito, porque dentro de ti reside la capacidad de crear algo verdaderamente grande.
