A veces pensamos que la justicia es simplemente una cuestión de buena voluntad individual, como si bastara con que cada persona decida ser amable o honesta con los demás. Sin embargo, la hermosa y profunda frase de Iris Marion Young nos invita a mirar más allá de nuestros propios corazones y observar el suelo que pisamos. Nos dice que la verdadera justicia no ocurre solo cuando alguien es generoso, sino cuando las reglas del juego, las estructuras que sostienen nuestra sociedad, están diseñadas para que todos tengan las mismas oportunidades de florecer.
Imagina por un momento que estamos organizando una carrera en el parque. Puedes tener a los corredores más amables y honestos del mundo, pero si la pista tiene baches profundos para unos y está perfectamente lisa para otros, la competencia nunca será justa. No importa qué tan buena sea la intención de los participantes; el problema no está en sus corazitos, sino en la superficie de la pista. Así es como funcionan las estructuras sociales. Podemos intentar ser buenos vecinos, pero si el sistema no permite que todos accedan a la educación o a la salud, la justicia sigue siendo una promesa incompleta.
Recuerdo una vez que intentaba ayudar a un pequeño pajarito que no podía construir su nido porque las ramas más fuertes siempre terminaban en los árboles más altos, donde solo los más grandes llegaban. Yo podía darle semillas y cariño, pero el problema real era la estructura del bosque que impedía que los pequeños tuvieran un lugar seguro. Eso me enseñó que la verdadera ayuda no es solo dar algo de nuestra mano, sino trabajar para que los nidos sean accesibles para todos, sin importar el tamaño de sus alas.
Reconocer esto puede sentirse abrumador, como si el peso del mundo recayera sobre nosotros, pero es el primer paso hacia un cambio real. No basta con ser buenas personas en privado; el desafío es ser agentes de cambio que cuestionen las reglas invisibles que crean desigualdad. La próxima vez que veas una injusticia, no te preguntes solo qué puede hacer una persona, sino cómo podemos transformar el camino para que nadie se quede atrás.
Hoy te invito a reflexionar sobre tu entorno. ¿Hay alguna pequeña estructura en tu comunidad o en tu trabajo que podrías ayudar a nivelar? A veces, el cambio más grande comienza con la valentía de señalar un bache en la pista.
