A veces, nos refugiamos en lo que conocemos porque nos da una sensación de seguridad inigualable. La frase de Thomas Aquinas nos invita a reflexionar sobre el miedo al riesgo y la verdadera naturaleza del propósito. Si un capitán decidiera que su única misión es evitar cualquier daño a su barco, terminaría por nunca salir de la seguridad del puerto. El barco permanecería intacto, sin una sola grieta o rasguño, pero también carecería de historia, de descubrimientos y de la esencia misma de lo que significa ser un navío. El peligro de la inmovilidad es que, aunque nos protege del fracaso, también nos priva de la vida.
En nuestro día a día, solemos actuar como ese capitán temeroso. Nos quedamos en empleos que no nos apasionan, evitamos entablar nuevas amistía por miedo al rechazo o no intentamos ese proyecto creativo por temor a no ser perfectos. Creemos que estamos protegiendo nuestra estabilidad, pero en realidad estamos dejando que nuestra alma se oxide en el puerto. La comodidad es un refugio dulce, pero es un lugar donde nada crece. El verdadero crecimiento requiere que aceptemos que las tormentas y los roces con las rocas son parte del viaje necesario para llegar a nuevos horizontes.
Recuerdo una vez que yo misma me sentía muy pequeña ante un gran desafío. Tenía un proyecto de escritura que me llenaba de ilusión, pero el miedo a que no fuera lo suficientemente bueno me mantenía escondida, guardando mis palabras en un cajón, como un barco amarrado con fuerza. Pensaba que si no publicaba nada, nadie podría criticarme. Pero al observar el mundo, me di cuenta de que las historias más hermosas son aquellas que se atrevieron a navegar por mares inciertos. Al decidir soltar las amarras, aunque con las patas temblorosas, descubrí que el valor de la aventura supera por mucho al miedo a la tormenta.
No te pido que busques el peligro por el simple hecho de arriesgarte, pero sí te animo a que revises tus propios puertos. ¿Hay algo que estés evitando hacer solo para mantener tu seguridad intacta? La vida no se mide por la ausencia de cicatrices, sino por la riqueza de los paisajes que hemos visto gracias a ellas. Hoy te invito a que mires hacia el horizonte y pienses en qué pequeña aventura podrías emprender. No dejes que tu barco se quede esperando una calma que quizás nunca llegue; es momento de desplegar las velas y confiar en tu capacidad de navegar.
