“Sanar no significa que el daño nunca existió; significa que el daño ya no controla tu vida.”
Sanar es liberarnos del control que el daño ejerce sobre nosotros.
A veces, cuando pasamos por momentos difíciles, cometemos el error de pensar que sanar significa borrar el pasado, como si tuviéramos una goma de borrar mágica capaz de eliminar cada cicatriz y cada lágrima. Pero la verdad es mucho más profunda y, aunque suene un poco más compleja, es también mucho más liberadora. Como bien dice Nikki Rowe, sanar no significa que el daño nunca existió, sino que ese daño ya no tiene el poder de dirigir tus pasos ni de dictar quién eres hoy. Es aprender a vivir con nuestra historia sin permitir que el dolor sea el conductor de nuestro vehículo.
En el día a día, esto se traduce en esos momentos en los que una vieja herida emocional intenta asomarse. Quizás es un recuerdo de una decepción amorosa o un error profesional que te persigue. Sanar no es olvidar ese evento, sino llegar a un punto donde, al recordarlo, ya no sientes que tu corazón se detiene o que tu confianza se desmorona por completo. Es cuando puedes mirar la cicatriz y reconocerla como parte de tu mapa, pero entender que el camino sigue adelante, lleno de nuevas posibilidades.
Recuerdo una vez que me sentía muy triste por un pequeño fracaso personal. Sentía que ese error me definía y que siempre sería la persona que se equivocó. Pasé días intentando ignorar el sentimiento, pero no funcionaba. Fue solo cuando dejé de luchar por olvidar y empecé a aceptar que ese error era parte de mi aprendizaje, cuando realmente empecé a sentirme mejor. La herida seguía ahí, pero ya no era la dueja de mi alegría. Aprendí que mi valor no disminuía por lo que había pasado, sino que aumentaba por mi capacidad de seguir adelante.
Como tu amiga BibiDuck, quiero decirte que no te presiones por sentirte perfecta o por pretender que nada te ha afectado. Es válido llevar tus marcas. Lo importante es que no permitas que ellas decidan tu destino. Hoy te invito a que mires tus cicatrices con ternura y te preguntes qué cosas nuevas puedes empezar a hacer ahora que ese dolor ya no lleva el volante de tu vida. Date permiso para avanzar, paso a paso, con mucha compasión hacia ti mismo.
