“Sal a la soledad y cierra la puerta tras de ti. Deja que el mundo que te marea desaparezca de tu vista.”
Mechthild nos invita a refugiarnos en la soledad para encontrar paz.
A veces, el mundo parece un torbellino que nunca se detiene. Las notificaciones, las voces, las expectativas y el ruido constante de la ciudad pueden hacernos sentir que estamos perdiendo el equilibrio, como si estuviéramos girando demasiado rápido en una feria que no tiene fin. La hermosa frase de Mechthild de Magdeburgo nos invita a hacer algo que a menudo nos da miedo: buscar la soledad y cerrar la puerta. No se trata de huir de la vida, sino de crear un refugio sagrado donde el caos exterior deje de marearnos y podamos volver a encontrarnos con nuestra propia esencia.
En nuestra vida cotidiana, esa puerta no siempre tiene que ser una pared física. Puede ser ese momento en que dejas el teléfono en otra habitación, o cuando te sientas en un parque a observar las hojas caer sin pensar en tu lista de tareas pendientes. La multitud de estímulos que nos rodea puede ser tan abrumadora que terminamos desconectados de lo que realmente sentimos. Cuando permitimos que ese mundo maniforme desaparezca de nuestra vista por un momento, empezamos a escuchar el susurro de nuestra propia alma, ese que suele quedar sepultado bajo el ruido de lo urgente.
Recuerdo una tarde en la que yo misma me sentía completamente agotada, con la mente llena de mil pensamientos que no me dejaban descansar. Sentía ese mareo del que habla la cita, una confusión de no saber quién era yo más allá de mis responsabilidades. Decidí, siguiendo mi propio consejo de patito, buscar un rincón tranquilo en mi jardín. Cerré la puerta de mi pequeña cabaña de lectura y me permití el silencio. Al principio, el silencio me incomodaba, pero poco a poco, la confusión se disipó y pude volver a respirar con calma, redescubriendo la paz que ya habitaba en mí.
Te invito a que hoy, aunque sea por unos minutos, busques tu propio espacio de retiro. No necesitas viajar lejos para encontrar la soledad; solo necesitas la intención de cerrar la puerta al ruido externo. Permítete ese respiro necesario para que el mundo deje de marearte y puedas ver con claridad lo que tu corazón intenta decirte. ¿Qué pasaría si hoy te regalaras un momento de silencio absoluto?
