A veces, la vida se siente como una carrera cuesta arriba donde, por más que pisamos el acelerador, parece que no avanzamos ni un centímetro. Esa frase de Maxwell Maltz sobre la baja autoestima es tan poderosa porque describe exactamente esa sensación de pesadez. Tener la autoestima baja no es solo sentirse triste; es vivir con una resistencia invisible, un freno de mano puesto que nos impide disfrutar de la velocidad, de la vista y de las oportunidades que el camino nos ofrece. Es como intentar correr una maratón con pesas en los tobillos.
En nuestro día a día, este freno se manifiesta de formas muy sutiles pero agotadoras. Aparece cuando dejas de postularte a ese nuevo proyecto en el trabajo porque crees que no eres lo suficientemente capaz, o cuando callas tu opinión en una cena con amigos por miedo a no sonar inteligente. No es que no tengas el motor para avanzar, es que la duda constante consume toda tu energía, impidiéndote fluir con el resto del mundo. Te quedas ahí, viendo cómo los demás avanzan mientras tú luchas contra tu propia inseguridad.
Recuerdo una vez que yo misma me sentía así, como si estuviera atrapada en un ciclo de autocrítica. Estaba intentando aprender algo nuevo y, cada vez que cometía un pequeño error, mi mente gritaba que no servía para eso. Era como si yo misma hubiera tirado de la palanca del freno de mano con todas mis fuerzas. Me tomó tiempo entender que el error no era el problema, sino la voz que me decía que no podía seguir. Tuve que aprender a soltar esa tensión, a confiar en que el camino se aclararía si me permitía avanzar sin juzgarme tanto.
Soltar el freno de mano no sucede de la noche a la mañana, es un proceso de paciencia y mucha ternura hacia uno mismo. No se trata de volverse una persona perfecta y sin miedos, sino de decidir que tus dudas ya no tienen el poder de detener tu marcha. Es empezar a confiar, aunque sea un poquito, en que tienes el derecho de avanzar y de ocupar tu espacio en este mundo.
Hoy te invito a que te detengas un momento y te preguntes: ¿en qué áreas de mi vida estoy frenando mi propio progreso? Tal vez sea momento de poner la mano suavemente sobre esa palanca y empezar a liberarla, un pequeño paso a la vez.
