El verdadero asombro brilla por igual sobre todas las cosas sin preferencia.
A veces, la vida nos hace sentir que debemos elegir bando o que nuestro afecto debe ser un recurso limitado que solo entregamos a quienes se lo ganan. Pero la hermosa frase de Rumi nos invita a mirar hacia arriba, hacia ese astro gigante que no pide permiso para brillar. Ser como el sol significa ofrecer nuestra luz, nuestra alegría y nuestra bondad de manera universal, sin importar quién esté frente a nosotros. Es una invitación a la generosidad más pura, aquella que no espera nada a cambio y que no hace distinciones entre el amigo cercano o el desconocido que cruza nuestro camino.
En nuestro día a día, esto puede parecer un reto enorme. Vivimos en un mundo donde es muy fácil cerrarnos y guardar nuestra energía solo para nuestro círculo íntimo o, peor aún, para aquellos que nos han tratado bien. Sin embargo, cuando decidimos irradiar luz sin filtros, nuestra propia existencia cambia. La luz del sol no decide iluminar solo las flores hermosas; también ilumina las piedras, la tierra seca y las sombras más profundas. Cuando actuamos con esa misma apertura, nuestra esencia se vuelve expansiva y nuestra paz se vuelve inquebrantable porque ya no dependemos de la reacción del otro para seguir brillando.
Recuerdo una tarde en la que me sentía especialmente gris y un poco resentida con alguien que me había hecho un pequeño desplante. Estaba sentada en el parque, con los brazos cruzados, intentando ignorar el mundo. De repente, vi a una niña pequeña que corría hacia un perrito desconocido, riendo con una pureza que no conocía prejuicios. Ella no se detuvo a pensar si el perro era suyo o si era amable; simplemente entregó su alegría al encuentro. En ese momento, sentí cómo mi propio sol interno intentaba salir de detrás de las nubes de mi mal humor. Me di cuenta de que mi amargura solo me estaba oscureciendo a mí misma.
Como pequeño patito que intenta siempre ver el lado luminoso, yo misma he aprendido que guardar mi luz es como apagar una lámpara en una habitación llena de amigos. No se trata de ser ingenuos, sino de elegir la abundancia sobre la escasez. Cuando decides ser luz, el mundo se vuelve un lugar más cálido para todos, incluyéndote a ti.
Hoy te invito a que hagas un pequeño experimento. En tu próxima interacción, ya sea con un compañero de trabajo, un cajero en el supermercado o un familiar con el que no hablas mucho, intenta ofrecer una sonrisa o una palabra amable sin juzgar. Observa cómo esa pequeña chispa de luz solar transforma no solo el momento, sino también tu propio corazón.
