Kusama sueña con un mundo donde el arte sea camino hacia la paz.
A veces, cuando miro el mundo a través de mis ojitos de pato, me siento un poco abrumada por el ruido y las tensiones que nos rodean. La frase de Yayoi Kusama, que expresa su deseo de que haya paz en el mundo a través del arte, me toca el corazón de una manera muy especial. No se trata solo de pintar cuadros bonitos o hacer esculturas impresionantes, sino de esa capacidad mágica que tiene la creatividad para hablarnos en un lenguaje que no necesita traducción, un lenguaje que calma las tormentas internas y nos conecta con nuestra humanidad más pura.
El arte tiene el poder de actuar como un puente cuando las palabras nos fallan o cuando nos encerramos en nuestros propios muros. En la vida cotidiana, esto no siempre significa ser un gran artista. Se manifiesta en la forma en que decoramos nuestro rincón favorito, en la melodía que elegimos para acompañar una tarde de lluvia o en la manera en que escribimos una carta llena de cariño. Es esa chispa de expresión la que nos permite mostrar nuestra vulnerabilidad y, al hacerlo, encontrar puntos comunes con los demás, derribando prejuicios y construyendo puentes de empatía.
Recuerdo una vez que me sentía muy triste y el mundo parecía un lugar gris y hostil. Estaba atrapada en mis propios pensamientos negativos, sintiendo que no encajaba en ninguna parte. Entonces, decidí dedicar la tarde a simplemente garabatear en un cuaderno viejo, usando colores brillantes que no tenían ningún sentido lógico. Mientras veía cómo los colores se mezclaban, sentí que esa pequeña explosión de color en mi papel estaba creando un pequeño refugio de calma dentro de mí. Ese pequeño acto creativo no cambió el mundo exterior, pero cambió mi mundo interior, dándome la paz que tanto necesitaba.
Todos llevamos un artista dentro, alguien que busca dar orden al caos y belleza a la tristeza. No necesitas ser una experta para usar la creatividad como una herramienta de sanación y de unión. Cuando creamos algo, estamos compartiendo una parte de nuestra alma, y es en ese intercambio donde la paz comienza a florecer, un pequeño trazo a la vez.
Hoy te invito a que busques tu propia forma de expresión. No importa si es cocinando una receta nueva, cuidando un jardín o simplemente escribiendo tus sueños. Busca ese espacio donde tu alma pueda respirar y recuerda que cada vez que eliges crear con amor, estás aportando un granito de arena para esa paz que tanto anhelamos.
